Capítulo 4.

1433 Palabras
Me moví en la cama y sentí un dolor punzante en la pierna, había un cuerpo a mi lado... era Lena. ¡Si claro! Ella se quedó conmigo anoche después del mal rato con el doctorcito. ¿Y mi madre? Ella, ella me dejó si, me dejó solo y se fué con él. ¡No me importa! Que se vaya, me arde la garganta y me pican los ojos. Bueno que no se vaya tan lejos.. ¿Pero qué digo? Si yo la amo y la necesito para vivir. Lena se movió y su boca quedó cerca de mi pecho, tenía los labios separados y se veía hermosa. Le acaricié la naricita y el labio inferior. Lo tiene suavecito. — ¡Lena, Lena despierta! - besé su nariz y frente, sonrió y se acurrucó. — ¡Mmmmmm tengo sueño! - sonreí, es tan pequeña. Su boquita se abría con cada bocanada de aire que soltaba, es hermosa. — Permiso - una enfermera se asomó por la puerta y me sonrió. — ¡Hola cariño! Vengo a checar tu herida y a que tomes los medicamentos. Me senté en la cama como pude y estiré la mano para recibir las píldoras. La enfermera me mira raro, parece querer algo o solo preguntar algo. — ¿Ella es tu hermana? - me volvió a observar detenidamente, tiene un hermoso rostro, pero no me atrajo para nada. — No, es una amiga... - me miró insinuante o eso me pareció. La enfermera reviso mi pierna y lo hizo con parsimonia, con delicadeza pero con insinuación. ¿Qué le pasa? — Pronto estarás bien, la herida se ve seca. - sus caricias me hicieron sentir raro, era una mujer mayor, es decir; tendria unos treinta años pero se conservaba bastante bien. — Bu-bueno gracias por todo! Yo, necesito vestirme, - tenía miedo porque su mano estaba muy cerca de mi hombría y no queria que me tocara. — El doctor vendrá en unos minutos, para atenderte y darte recomendaciones - todo eso lo dijo acariciando mi pierna ¿Por qué me toca? — ¡Gracias !_ retiré la pierna e hice un gesto de dolor para que me dejara en paz. Lena despertó y me sonrió con su carita de angelito y se acurrucó bajo mi brazo, sonrei y le besé la cabeza. La enfermera de quien no me interesa el nombre, miró mal a mi amiga e hizo un gesto de desagrado cuando la apreté contra mi cuerpo. — ¡Buen dia! -¡Dios! esa voz me altera todos los sentido y me excita a mas no poder — ¡Hola cachorrito! Estaba tan asustada y preocupada que no pude esperar a la hora de visita - se acercó y me dió un casto beso en los labios, mi cuerpo respondió al instante. Clara miraba a Lena con ternura y luego me miraba a mi, yo levanté mis hombros en una disculpa muda y ella sonrió. Dios estoy loco por ella, la enfermera hizo una mueca con la boca. — Perdona pero, el paciente debe descansar, te agradezco que salgas de la habitación - le dijo a Clara en un tono bastante altanero, ella volteó y la miro de arriba a abajo. — ¡Callate Donna! Se ve de lejos que lo quieres para ti. Y no me toques el lado malo porque estas pendiendo de un hilo, para que estes fuera del negocio - la chica la miró con ojos desorbitados y se quedó en silencio. ¡Wow! De lo que se entera uno en los hospitales. ¿Verdad? Clara me acarició el rostro y me volvió a besar castamente. — Nos vemos luego cachorrito, solo necesitaba saber que estabas bien - se acercó a mi oido y paso la lengua por el lobulo, temblé y mi pene se queria salir del boxer — Si quieres puedes pasar unos dias en mi casa para cuidarte y consentirte - me hizo un guiño coqueta, sonreí y le dije que si con la cabeza, tenía la boca seca y no me salían las palabras, besó mi frente y acarició con cariño la melena roja de Lena. — ¿Qué haces tu aqui? - preguntó mi madre con cara de pocos amigos a Clara. — ¡Hola Aurora! Gusto en saludarte - le dijo sonriendo. — ¡Aléjate de mi hijo, te lo advierto! - ¡uy! Mi madre es una fiera. ¿Quién diría? — Tranquila cariño, sabes que conmigo está a salvo - madre la fulminó con la mirada y yo puse los ojos en blanco. — ¡Ma! Clara solo vino a saludar. Déjala en paz - el jeans que llevaba puesto me hacia babear, se le veía un culo de infarto. Madre lo notó y me miró con cara de asesina. ¡Ok ma! Miro hacia otro lado. — Nos vemos Aurora, cuida el cachorrito por favor.- madre bufó — ¡Claro que lo voy a cuidar, hasta de ti! Es mi hijo y no quiero que le pase nada malo. - mi madre tenía los ojos cristalizados y una lagrima bajo por su mejilla. — ¡Ok! Me voy, no te preocupes Au, yo nunca lo lastimaré. - me miró y me guiñó el ojo. Yo solo pude sonreir y babear como tonto. Lena me miraba con una expresión rara, su boca hizo una mueca hacia abajo y luego un puchero precioso ¡La queria morder! Le hablé bajito. — ¿Que pasa cariño? ¿Por qué quieres llorar? - le pregunté y la apreté contra mi pecho. — ¡Es que... ella y tú. Ella te gusta! - su labio inferior tembló y una lagrima rodo por su mejilla, la limpie y levante su carita para besarle la nariz. ¡Es preciosa!! — ¡Y tu eres hermosa! ¡Te quiero mucho! ¿Lo sabes verdad? - sonrió, sorbió sus mocos y me beso para volver a meterse entre mis brazos y enterrar la cara en mi pecho. La enfermera salió molesta y azotó la puerta, mi madre miró la escena y giró hacia mi entrecerrando los ojos ¿Que? Yo no hice nada, es ella la que me quiere tocar. — ¡Tenemos que hablar jovencito! - me dijo y yo asenti con la cabeza. — ¡Lo se ma! Te debo una disculpa. Perdoname por favor, no debi comportarme como un loco estupido pero; estaba celoso. No confio en ningún hombre cerca de tí - madre me miró con ternura y yo sonrei encantador. — ¡Amo a Eduard! - ¡mi-er-da! Eso no lo vi venir. — ¡Pero mamáaaaa! El solo te quiere para sexo - se le ve en los ojos. — ¿Y Clara a ti no? - su expresión era de rabia y frustración. — ¡Oh vamos madre! No vayas por ahi por favor - le reproché — ¿Qué no vaya por dónde Gabriel? ¡eres un niño! Y ella es una aprovechada, una sinverguenza... - chilló histérica — ¡Mamá por Dios ella no hará nada que yo no desee hacer, no hará nada que me lastime - senti el cuerpo de Lena tensarse y escuché un sollozo. ¡Oh mierda! La levanté para que me mirara, su carita estaba roja, manchada con lágrimas y su labio temblaba — Hey pequeñita, cálmate o te vas a deshidratar - la abracé con fuerza pero sin lastimarla, su cuerpo estaba calentito y olía delicioso. — ¿Ves? Hay gente que te ama, no como ella que solo se aprovecha de ti - y como tengo una gran boca refuté — No se aprovecha madre; me da placer, eso no es malo - mi nadre abrió los ojos y me gritó — ¡Eres un niño Gabriel! Y a los dieciocho años no se tiene sexo, a menos que estés enamorado y es riesgoso con una mujer mayor - la rabia me subió a la garganta y vociferé lo primero que se me ocurrió sin pensar en consecuencias, ¡claro como un niño estúpido que soy aún! — ¿Y tu si? - la señalé con el dedo juzgandola ¡Que error! — ¿Tú te follas el doctorcito y delante de mí finges ser una santa? - la cachetada que me propinó fué de tal magnitud que al instante saboree la sangre en la boca. Y si no es por el doctorcito se lanza a darme una tunda con la chancleta que se quitó ¡Mierda! Está furiosa. — Escuchame bien Gabriel Anthon O'Connor te prohíbo que vuelvas a faltarme el respeto y ademas ver a esa mujer, es una mala influencia ¿Entendiste? Ese negocio que tiene: ¡Es peligroso! ¿Eh? Como sabe mi madre que Clara tiene un negocio peligroso es decir; no lo conozco pero ¿Peligroso? Ay Aurora creo que tu sabes algo que yo no sé. Pero eso lo hablaremos después porque como dije está furiosa, me giraba la chancleta en la cara, pero no le voy a hacer caso. No madre, esta vez no.
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