Sofía Santino no se inmuta ante mi pequeño festín y sigue a lo que venía. Con la misma naturalidad con la que uno se adapta a su entorno, se acerca al refrigerador y lo abre de nuevo, esta vez para sacar jugos en caja. Luego, abre la alacena y toma unas galletas, sus manos quedando repletas de comida destinada al escuadrón de niños a los que está cuidando. Mi casi-hermanastro, con una agilidad que demuestra su destreza tanto en las carreras de automóviles como en el manejo de los niños, organiza la pequeña merienda para sus hermanos menores y su sobrino, después de dejar sobre la mesa el litro de helado de chocolate que yo había estado contemplando hace unos minutos, y me guiña un ojo de manera juguetona, para finalmente regresar con los pequeñines. Cuando se aleja, no puedo evitar s

