Eran las 8 de la mañana cuando el sol comenzó a entrar por mi ventana, iluminando con sus rayos directamente a mis ojos, apenas me estaba despertando; sentada en el borde de mi cama, estirando mis brazos lo más alto que podía y escuchando cómo tronaba un poco mi columna puesto que había dormido tal cual lo deben hacer los gusanos, escuché el timbre sonar, me asomé y logré ver a Charlie con su mirada puesta en dirección hacia mí.
— Luna ¿Qué hace Charlie tan temprano aquí? – preguntó mi tía, quien se levantó a causa del sonido del timbre.
Los Domingos éramos libres de despertarnos a la hora que quisiéramos, pues todo lo que se debe hacer en casa, se hacía de Lunes a Sábado, lo que significaba que a Charlie también le tocaba ayudar con el quehacer.
— No lo sé tía, ahora bajo, quizás vayamos al parque para no molestar con nuestras voces ¿Está bien? —
— No es necesario, hagan algo para que desayunen y quedense ahí o en tu habitación, no hay problema — dijo mi tía y luego bostezó en señal de que ella sólo quería seguir durmiendo.
Me puse mi bata y bajé a abrirle, es natural que no me dé pena verlo en estas fachas, pues así me ha visto casi toda mi vida al menos una vez a la semana.
— Charlie, buenos días ¿Por qué tan de madrugada? — dije sonriendo.
— Buen día Moon, perdona que te haya levantado, pero anoche ya no me respondiste, y la duda me estaba matando, cuéntame ¿Todo bien? —
— Charlie, te voy a matar ¿Te parece si desayunamos, dormimos y luego te cuento? — dije con voz de querer dormir aún más.
— De acuerdo, de acuerdo, igual ya estoy aquí — sonrío asintiendo.
Así que entramos, preparamos unos huevos con jamón, nos servimos café y un poco de jugo de mandarina que había en el refrigerador. Estuve callada un rato, estaba muriendo de sueño pero luego de calmar el hambre con la que había amanecido le dije:
— Ayer, cuando estaba meciéndome en los columpios, en medio de mi tranquilidad, apareció Bruno, no sé cómo tomarlo, es decir, primero me habla, luego me ignora y desp... — estaba hablando tan rápido que creo que ni siquiera se me entendía lo que hablaba.
— A ver Moon, respira ¿Qué pasó con Bruno? ¿En dónde apareció? No entiendo nada, por favor habla más lento — dijo Charlie subiendo la voz para interrumpirme.
— Ok, ok... Yo te acompañé y me quedé en el parque ¿Vamos bien? — dije sarcásticamente.
— Sí Moon, tampoco exageres — me dijo volteando los ojos pero riéndo.
— Ok, yo estaba ahí, cerrando los ojos, y cuando los abrí él estaba ahi, frente a mí... — le conté todo lo que habia pasado con Bruno, él como siempre me prestaba atención y sólo interrumpía para hacer chistes, burlarse o volver a calmarme cada vez que yo comenzaba a hablar rápido de nuevo.
Después de contarle la travesía con Bruno él se quedó callado, puso una mirada un poco seria, pero no dijo nada, le pregunté qué le ocurría y me respondió que nada, pero yo sabía que algo andaba mal, definitivamente mal, él no es el tipo de chicos que se quedan sin palabras, pero luego cambió de tema, lo miré confundida, pero supongo que quería hablarme de algo más.
Después de un rato, subimos a mi habitación, pues ya habiamos acabado de desayunar y recoger todo lo que habíamos ensuciado, nos recostamos los dos en el colchón de arriba de la cama para ver una película en la computadora, él eligió una de guerra, pero más o menos a media película nos quedanos dormidos.
En cuanto desperté me dí cuenta que él no estaba conmigo, pensé que estaría en el baño pero no fue así, lo busqué abajo y también en el jardín pero no estaba, pensé que algo había pasado, pues ni siquiera se despidió de mi o dejó nota alguna, así que le traté de llamar pero su celular me mandaba directo al buzón, luego le mande mensaje por Whats pero tampoco le llegaban.
— Seguro se quedó sin pila — pensé un poco preocupada.
Fui a la habitación de mi tía, ella seguía descansando pero ya estaba despierta, toqué la puerta para evitar molestarla y ella me permitió pasar, entonces le pregunté si había visto a Charlie irse o si a ella le había avisado qué pasaba o por qué se había marchado sin decirme nada, me dijo que no, que ella casi se acababa de despertar y que por favor le preparara algo porque tenía mucha hambre. Creo que a ella no le preocupaba, a pesar de ser como su cuarto hijo, ya que yo era como la tercera.
Entonces bajé para prepararle lo mismo que yo había desayunado, le subí sus alimentos en una mesa-charola, la acompañé para que no estuviera sola, sin embargo, a pesar de que mi cuerpo estaba con ella, mi mente estaba pensando en Charlie, él no suele ser así.
Todos nos metimos a bañar luego de la comida para luego estar listos y bien arreglados para la noche, pues mi tía nos llevaría a cenar a un restaurante, nos dijo que tenía una muy buena noticia que darnos y que había que celebrarlo.
Llegamos al restaurante "Il Fiore Gourmet" , que no era precisamente algo barato, tampoco era demasiado caro, pero era un lugar bastante elegante, así que mis primos se vistieron de traje, uno vestía de color gris y el otro de color azul, el que vestía de gris, Ian, me dijo que vistiera para hacer juego con su traje, ya que mi tía vestiría de azul al igual que su hermano Robert, así que me puse un vestido que me quedaba arriba de la rodilla en color gris, zapatos de tacón mediano en color n*gro, dejé mi cabello suelto y sólo le di un poco de forma con crema para evitar el frizz y con ayuda de la secadora logré que quedara ondulado, me maquillé un poco, algo natural, con los labios de un tono café claro y me coloqué un collar plateado con su respectivo par de aretes y una pulsera que hacía juego para finalizar.
Mi tía era el personaje principal ya que se maquillaba de forma más llamativa, usaba un vestido azul al tono del traje de Robert, un peinado en forma de moño, pendientes largos y una gargantilla, pero lo que más me gustaba de ella era cómo se le veían sus hermosos labios carmín, podría decir que era capaz de enamorar a cualquier hombre que ella quisiera.
Me llevaba bien con Ian, tan sólo era dos años mayor que yo, él se dedicaba a estudiar Derecho, pero también amaba ir al gimnasio, así que entrar al restaurante tomada de su brazo era muy cómodo. Tanto él como Robert son apuestos, pero la cara de enojado con la que me miraba Robert me hacía pensar que él se veía mal.
Entonces llegamos, nos dieron una mesa, y nos sentamos para esperar al mesero que nos atendería esa noche. Lo único que faltaba era escuchar la gran noticia de esa noche.