Una suave voz me hace levantar la mirada. —Ya he terminado por hoy —dice Marilyn desde la puerta, mirándome por un momento, y luego dirigiendo su atención a Daniel, le pregunta—: ¿Necesitas algo más? —No, gracias —responde él—. Te puedes retirar, que tengas buena noche. —Le ofrece una pequeña sonrisa antes de volver a mirar los documentos que tiene en las manos. —Gracias, igualmente —contesta ella con un deje de alegría en su voz—. ¿Margaret? —me llama, mirándome nuevamente y preguntando con su tono si estoy lista para irme. —Aún tengo cosas por hacer —le digo—. Nos vemos mañana. Que descanses. Asiente con la cabeza, y dice: —Bien. Nos vemos mañana, buena noche. —Sale de la oficina cerrando la puerta tras de sí. Observo de reojo a Daniel. Está concentrado, su ceño fruncido y sus l

