CAPÍTULO VEINTIOCHO A Mackenzie, Keysville le recordaba un poco a Treston. Era pequeño y tenía el estilo de Rockwell, incluida la farmacia, las casas blancas con sus vallas blancas, y una barbería de toda la vida con uno de esos postes giratorios de colores en la parte delantera. No obstante, la barbería y la mayor parte de los otros negocios estaban cerrados, porque ya eran más de las ocho y media cuando metió su coche de alquiler por la calle principal. Durante el trayecto, le había perseguido constantemente la sombra de las nubes de la tormenta que se avecinaba y ahora que iba más despacio por las calles residenciales, parecía que le estuvieran dando alcance. Unas gruesas gotas de lluvia empezaron a golpear su parabrisas—una por una, como si la lluvia estuviera entrando lentamente den

