Pasado

1576 Palabras
Mauricio Vitale — ¡¿Podrías calmarte?! — Es lo primero que dice Lucían al entrar a mi oficina en compañía de Dante y Andrés, estoy enojado, dolido, frustrado, frustrado, frustrado. — Calmarme? Ese infeliz me atacó a muerte a mi y a mi mujer embarazada. Es mi jodido padre y su nieto, ¿Acaso perdió la razón? — Minutos antes de que llegarán rompí todo en la oficina, empecé a tirarlo, a rasgarlo, a patearlo, me está matando la ira, me siento molesto, necesito un deshago, ese hombre que se hace llamar mi padre no merece mis lágrimas, ¡No lloraré! apatir de hoy solo merece que sea implacable con él. Es hora de devolverle cada maldita enseñanza... — Iré al gimnasio, los espero allá. — Digo con un tono calmado, saben que no acepto alegato, que lo que acabo de decir es una orden. Una para que se convientan los tres en mis contrincantes. Si voy a entrenar, debe ser con los mejores y ellos lo son. — No pelearemos! — Alega Dante a mis espaldas antes de que salga de la oficina. — Dante tiene razón, debemos hablar. No sabemos cual es el siguiente movimiento de tu padre, tenemos que interceptar y empezar a movernos ya! — Es el turno de Lucían, él siempre quiere pelear. — Opinó lo mismo, quizás te han seguido hasta aquí, saben que aún tienes la guardia baja, que no estás preparado para otro ataque, es un milagro que hallan salido con vida del aeropuerto. Pongámonos para esto y después... — El razonable Andrés. — ¡Despues nada! No me lmporta si no quieren ir, lo harán! Ya les he dado una orden. — Los dejo atrás y voy directo al garaje, allí escojo un auto, lo saco y al llegar a la entrada principal ellos ya están esperando, quito los seguros a las puertas, entran y los cuatro vamos a donde ya había dicho. Conozco bien a mi padre y sé que no volverá a atacar; que si falló en este intento va a prepararse para un segundo y eso es justo lo que me dará tiempo de prepararme a mí, prepararme mental y físicamente, de terminar de sacarlo de mi corazón, de enterrarlo... Para lo próximo que haré necesito volver a hacer el Mauricio de antes, necesito volver a ser el DIABLO, necesito que me tema, que pelee con todo. Mientras conduzco pienso en empezar a golpear algo y ese algo es lo más cercano que tengo, el volante. Los chicos no dicen nada me observan en silencio, los cuatro de hecho vamos en silencio, no hay nada que ellos puedan decir para calmar mi ira, necesito sacarla, sacarla de mí y es por eso que ire al gimnasio. El gimnasio es uno al sur de la ciudad, es nuestra propiedad y ahí entrenan varios de los nuestros, fue el lugar donde conocí a Lucían, donde he dado mis mejores golpes y he peleado hasta quedarme sin aliento. El lugar es seguro y si cambia su condición, pelearemos hasta las últimas, de todas maneras no creo que mi padre vuelva a atacar hoy. En ese barrio de pandilleros todos saben quien es el diablo; Mi refugio y donde descargaba todo lo que sentía era el ring, nunca he sido un hombre de vicios, pero encontraba en el deporte un descanso para mi mente, esa mente que me recuerda lo difícil y traumatica que fue mi niñez. ********** Narra el autor. Pasado, unos veinticuatro años antes... Casa donde Mauricio vivió su infancia, habitación de sus padres en una noche cualquiera. El niño escucha los gritos desde su habitación, se tapa los oídos con sus almohadas y aún así escucha los gritos, termina por apretar fuerte los puños, llorar en silencio y repetir en su mente una y otra vez que es un hombre, uno fuerte y que algún día podrá defender a su madre del ogro... su padre. 《Deja de mimarlo, tu eres la que lo tienes así, Llorón! Es un varón. 》《Es un niño, no sabe nada》 《Estaba jugando con tus cosas y lo dejaste verte maquillar. Además que es todo eso de andarle comprando todo lo que pide, es un malcriado.》 Luego de esos días, su padre tomó las riendas de la formación del niño, se lo llevaba al trabajo y desde muy pequeño empezó entrenamientos fuertes, practicando deportes, tomando clases de lucha y demás actividades complementarias. Cuando cumplió trece años, se unió a las filas de su padre quien lo dejó a cargo de uno de sus mejores hombres, un dictador que lo hacía repetir una y otra vez cada entrenamiento hasta perfeccionar, le ponía límites y castigos como baños de agua helada, cámara de calor, lo amarraba o simplemente lo mataba de hambre mientras el saboreaba frente a él los mejores platos para degustar. Cuando lo presentaron a su padre diciendo que estaba listo, le dio un gran sermón, lo empezó a llevar a masacres, torturas y hasta lo obligó a matar a sangre fría a un traidor. Mauricio aún recuerda la vez en la que perdió la pureza de su corazón y se volvió un hombre frio; Quizas no tanto el matar, si no saber que no tenía en lo absoluto el amor, ni la consideración de él hombre que se suponía debía ser el ejemplo a seguir o lo más importante en su vida, su padre. 《Déjame en paz, mi hijo va a ser lo que yo quiera que sea y no harás nada al respecto. No me quitaras eso como ya tu padre me ha quitado todo aún estando muerto, me ha tocado vivir bajo la sombra de ese inútil viejo y aparte tengo que cargar contigo. No me hagas tener que soportar a un inútil como hijo.》 Constantemente escucho a su padre referirse a él y a su madre como lo peor, nunca habló con amor, con respeto hacia su esposa. La familia feliz de las fotos era solo eso, en la realidad la cosa era dura. 《Inútil, tantos años entrenando y aún no sabes nada》 Se propuso ser el mejor en todo, trasnochar se volvió un hábito, se alejó de su madre con el dolor de su alma solo por que eso hacía que su padre peor la tratara culpandola de que él no avanzaba por qué ella lo pechichaba. Se volvió independiente, solitario, callado y rencoroso. En las noches sacaba su ira en el ring de boxeo de un gimnasio que descubrió lejos de casa, por lo que en el día soportaba toda la mierda de su padre y el la noche cuando se supone que debía descansar se iba al ring, ahí conoció a Lucían un trabajador del lugar que por cierto peleaba muy bien, lo ayudó a pulir sus movimientos y al principio le daba unas buenas palizas, tiempo después Mauricio copio sus movimientos, los perfeccionó, se volvió más ágil y fuerte al punto de superar a su maestro. Dejó tirado a Lucían más de una vez y a los demás, los mandaba al hospital con huesos rotos o con el tabique en una emorragia. Dejó de lado mujeres, fiestas, trago y se enfocó en ser el mejor, alguien que en futuro pudiera defender a su madre... ***************** — ¡Pelea! — Le digo a Dante frente a mí, se pone los guantes con la debida paciencia, luego se pone en modo pelea. — Voy a patear tu puto trasero y te iras a dormir. — Sonrió. — Tengo algo muy importante que hacer en casa así que no arruines mi rostro. — Lo ataco y empieza a defenderse. — Yo tambien quiero patear tu trasero, no tarden tanto. — Habla Lucían y reimos, me enfoco en mi oponente, quien con un empate baja del ring, luego es el turno de Lucían, logra darme muchos golpes en el abdomen, respondo y me defiendo, pero Andrés detiene la pelea. — Suficiente. Debemos trabajar y no creo que quieras dar ordenes desde el hospital. — Reposamos en las barras del ring y bajamos luego de una pelea que duró un poco más de veinte minutos y en la que ambos nos dimos tantos golpes como pudimos, una pelea sin reglas, sin juez, sin nada más que los puños de ambos. Dante terminó llamando a su chica, Lucían y Andres igual, terminamos en un bar cerca de la zona bebiendo hasta la última botella de whisky. Quería olvidar, sacar de mi mente la escena de hoy que se repetía una y otra vez como una película, así como los recuerdos dolorosos de mi infancia, lloré. Sí, lo hice y descargue parte de mi enojo, de mi dolor, odio a mi progenitor, lo odio y no voy a descansar hasta enterrarlo. Yo aún tengo una familia que levantar, unos hijos que criar al lado.de mi esposa, de mi linda esposa... — Llevenme a casa. — Les digo finalmente. — No creo que sea buena idea, estas muy tomado y golpeado. — Me dice Dante con un paño frío en el labio. — Quiero que mi mujer me cuide, no ustedes trio de bribones. — Se ríen. — ¿Acaso no quieren dejar de soportar a su jefe e ir a dormir entre las piernas de sus mujeres? — Río y terminó mi bebida. — Los quiero mañana después del medio día en mi oficina, tenemos una venganza que planear...
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