Alicia Holmes
Durante la comida estamos en silencio. Yo apenas he probado bocado. Al contrario de Mauricio, el que me lo esperaba, sí tenía hambre. Así que se comió la comida, dejó los cubiertos de lado. Y luego me dice:
— Ven aquí. — Su propuesta me sorprende. Me mira aún sin decirme nada con la mirada. Pero como siempre, las palabras de mi esposo son órdenes para mí. Mi cuerpo simplemente reacciona. Me saca un poco la silla y me da espacio para que me siente sobre sus piernas.
Me siento sorprendida por la propuesta de Mauricio, pero al mismo tiempo, su mirada intensa y dominante no deja espacio para la duda o la resistencia. Sé que cuando él me llama, debo obedecer, aunque mi mente y mi corazón estén llenos de preguntas y preocupaciones.
Me levanto de mi silla con cautela, sintiendo la tensión en el aire mientras camino hacia él. Sus ojos oscuros me siguen con atención, pero no dicen nada, dejando que su mirada sea la única comunicación entre nosotros en ese momento.
Cuando llego a su lado, él se aparta un poco para darme espacio para sentarme sobre sus piernas. Es un gesto íntimo y cercano, uno que nos recuerda la conexión que compartimos, a pesar de las dificultades y los secretos que puedan separarnos.
Me siento en su regazo con cuidado, sintiendo el calor de su cuerpo bajo el mío. Es reconfortante estar tan cerca de él, incluso cuando las sombras del pasado acechan en el fondo de mi mente. Por un momento, puedo olvidar todas las preocupaciones y simplemente estar con él, compartiendo un momento de intimidad y cercanía en medio de la tormenta que amenaza con separarnos.
Sus brazos rodean mi cintura con firmeza, atrayéndome hacia él con determinación. Puedo sentir su calor irradiando a través de la tela de mi ropa, creando una sensación reconfortante y familiar que me hace temblar ligeramente.
Mauricio entierra su rostro en mi cuello, inhalando profundamente mi aroma. Su aliento caliente y sus labios rozando mi piel envían un escalofrío placentero por todo mi cuerpo. Cierro los ojos, dejándome llevar por la intensidad del momento y la conexión palpable entre nosotros.
Siento cómo aparta un poco mi cabello para tener mejor acceso, y su nariz roza mi piel con delicadeza, dejándome sin aliento. Cada roce, cada contacto, aviva la chispa que siempre ha existido entre nosotros, recordándome la pasión y la atracción que compartimos, a pesar de los desafíos que enfrentamos.
En ese instante, todo lo demás desaparece, y solo somos él y yo, unidos por el deseo y la necesidad mutua de estar cerca. Es un momento de intimidad pura, donde las palabras son innecesarias y los gestos hablan por sí mismos, recordándonos el profundo lazo que nos une y la fuerza de nuestra conexión.
— Gracias por haber venido. — Su voz, suave y cálida, resuena en mi oído como una melodía reconfortante, trayendo consigo un sentimiento de gratitud y cercanía. Sus palabras son simples, pero están cargadas de significado, transmitiendo el aprecio y la ternura que siente por nuestra unión.
Mientras continúa dejando besos en mi cuello, puedo sentir el amor y la gratitud que fluyen entre nosotros, formando un lazo indestructible que nos une incluso en los momentos más difíciles. Cierro los ojos, permitiéndome disfrutar de la sensación reconfortante de su afecto, sabiendo que en sus brazos siempre encontraré consuelo y seguridad.
Es un momento íntimo y especial, donde las palabras se convierten en gestos de amor y cariño, recordándonos la importancia de estar juntos y apoyarnos mutuamente en cada paso del camino. En ese instante, no hay preocupaciones ni conflictos, solo existe el amor sincero que compartimos, fortaleciendo nuestra unión y renovando nuestra determinación de enfrentar juntos cualquier desafío que se interponga en nuestro camino.
Ese instante de ternura entre nosotros es como un bálsamo para el alma, un recordatorio de que, a pesar de los desafíos y las tensiones que puedan surgir, nuestro amor sigue siendo fuerte y verdadero. En ese momento, me sumerjo por completo en la calidez de su abrazo y en la dulzura de sus besos, dejando de lado todas las preocupaciones y conflictos que puedan existir fuera de ese momento.
Es una oportunidad para reconectar con lo que realmente importa: nuestro amor y nuestra complicidad. Me siento agradecida por tener a Mauricio a mi lado, por su apoyo incondicional y por los momentos de felicidad que compartimos juntos. En sus brazos, encuentro consuelo y paz, recordándome que, pase lo que pase, siempre estaremos uno para el otro.
Me permito disfrutar plenamente de ese momento de intimidad y conexión, dejando que el amor y la complicidad llenen cada rincón de mi ser. Es un regalo precioso que atesoro profundamente en mi corazón, una muestra de que, incluso en los momentos más difíciles, el amor puede prevalecer y traer luz a nuestras vidas.
— Te amo. Quiero estar para tí siempre. — Acuno sus mejillas y le doy un beso, uno que el sigue hasta hacerme desear. La oficina se vuelve un horno, siento como mi cuerpo se calienta y la ropa empieza a estorbar. Mi hombre lo entiende y actúa hacia esa causa tratando de aliviar el calor. Empezamos a desvestirnos con desespero sin dejar de besarnos. Me levanto de sus piernas y quito el exceso de ropa, le dejo ver mi linda lencería rosa. La lencería rosa pálido que tengo puesta es delicada y sensual. El sostén está adornado con encajes finos y detallados, que se entrelazan de manera elegante alrededor de la parte superior, creando un patrón floral suave y femenino. Los tirantes son finos y ajustables, proporcionando un soporte sutil pero encantador.
El sostén tiene copas suaves que realzan sutilmente mis curvas, brindando un toque de glamour y sofisticación. El tono rosa pálido resalta mi tez, creando un contraste suave y halagador.
La parte inferior es una braguita a juego, también adornada con encajes en los bordes, que añaden un toque coqueto y romántico. La tela es suave y sedosa al tacto, proporcionando comodidad y sensualidad al mismo tiempo.
En conjunto, esta lencería rosa pálido con encajes evoca una sensación de feminidad y elegancia, perfecta para una ocasión especial o simplemente para sentirme hermosa y segura en cualquier momento. Mauricio me mira con intensidad, como si estuviera capturando cada detalle de mi cuerpo adornado con la lencería. Sus ojos recorren cada curva, cada línea, con una mezcla de admiración y deseo.
Su mirada se detiene en el delicado encaje que adorna mis curvas, trazando suavemente los contornos de mis pechos y siguiendo el contorno de mi cintura. Puedo sentir el peso de su mirada sobre mí, como si estuviera grabando en su mente cada centímetro de mi piel.
Sus ojos brillan con un brillo ardiente mientras absorbe la vista frente a él, absorbiendo la belleza y la sensualidad que emana de cada detalle de la lencería. Cada vez que sus ojos encuentran un nuevo detalle, una nueva curva, su expresión se vuelve más intensa, más apasionada.
Es como si estuviera hipnotizado por la visión frente a él, incapaz de apartar la mirada, completamente absorbido por la vista de mi cuerpo adornado con esa lencería seductora. Sus labios se curvan en una sonrisa sutil, revelando el placer que siente al admirar cada parte de mí, como si fuera una obra de arte que ha cobrado vida frente a sus ojos. Aprovecho para hacerle un pequeño movimiento sensual de espaldas dejandole ver mi trasero, juego con mi cabello y finalmente volteo mordiendo mi labio inferior.
— Ven. — Me ordena y al acercarme acaricia mi cuerpo, besa mi vientre. — No debiste ponerte esta ropa. — Su voz ronca se hace presente, se levanta de la silla, termina de quitar su camisa, se saca el cinturón del pantalón y me guía hasta el sillón donde volvemos a fundimos en un apasionado beso, sus caricias se vuelven fuertes aprieta cada parte de mi cuerpo, se separa de mí y se pone de rodillas; muerdo mi labio mientras veo sus intenciones, me gusta lo que hará. A continuación levanta una de mis piernas y empieza dándome besos desde mi pie hasta mi muslo interno, luego sube mi pierna a su hombro y hace lo mismo con la otra para luego enterrar su cara en mi intimidad solo haciendo a un lado mi pequeño braga. Disfruto de las caricias de su lengua, los gemidos se vuelven incontrolables y sostengo uno de los cojines como si quisiera que se desvaneciera entre mis manos. Mi hombre se pone de pie, saca su polla, me deja ver como la acaricia para luego frotarla sobre mi intimidad y finalmente entra en mí... lo siento entrar y romper todo a su paso. Nuestra unión siempre exquisita. Fui su postre y me comió como quiso en todas las posiciones posibles sobre ese sillón dentro de su oficina. A puerta cerrada nos dejamos ir sin importar si se escuchaba o no. Hubo un momento en el que sentí que me usaba como escape a toda la situación de mierda que giraba a su alrededor estás últimas semanas, pero no me importó, soy su mujer, su esposa y su lugar seguro...