Amenaza.

1428 Palabras
Después de finalizar la reunión y haber dado las órdenes pertinentes, me quedé junto a Dante en la sala de reuniones. Con un gesto de determinación, me levanté y serví un par de tragos, uno para mí y otro para él. Sabía que después de una discusión intensa como esa, un poco de whisky ayudaría a relajarnos y a procesar todo lo que se había hablado. Le ofrecí el vaso a Dante con un gesto de camaradería, reconociendo su valiosa contribución y su lealtad inquebrantable. Él era más que un simple guardaespaldas; era un amigo, un confidente y un aliado en quien confiaba plenamente para proteger a mi familia y mantener la seguridad de nuestra organización. Después de tomar un sorbo del whisky, volví a mi lugar, sintiéndome reconfortado por la presencia de Dante a mi lado. Sabía que juntos podíamos enfrentar cualquier desafío que se nos presentara, y estaba agradecido de tenerlo como parte de mi equipo. Con la reunión terminada y las órdenes dadas, me preparé para lo que vendría a continuación. Sabía que las próximas horas serían cruciales, y estaba decidido a hacer todo lo necesario para proteger a los que amaba y asegurar el éxito de nuestra organización. — Conozco tanto a mi mujer que se que ha ido a pedir tu ayuda. Habla. — Le digo a Dante una vez estamo solos y sonrie. — Bien. Entonces te dire mas de lo que sabes. Ella quiere entrenar. — Lo sabia, ya fue a hablar contigo. — Lo hizo antes de entrar a la reunión... — Mi mujer es tan predecible. sabía que iba a buscarte. — Sonrió. — Es la jefa, no le puedo decir que no. Está decidida a hacerlo y fue a ver al médico. — Sí, así me contaron tus hombres. Está bien, déjala que haga lo que quiera. No tengo que decir mucho sobre eso; estás a cargo y me respondes por mi hijo y por mi mujer. — Sonrie y niega. — Obviamente no quiero que se entere de que ella está participando. ¿Okay? — Ella? Luna? — Asiento. — Imagínate lo que sucedería si está motivada a entrenar sin saber esto no quiero imaginarme lo que hará cuando lo sepa. No la quiero involucrar o más bien no quiero que se involucre. — ¿Estás enamorado hasta las pelotas? — No tienes ni idea de lo que es estar enamorado hasta las pelotas. — Ambos reinos. — Alicia es fuerte. — Lo sé, te aseguro que lo sé. — No me digas tantos detalles. — Se carcajea. — No, en serio es fuerte, pero quiero que esa fuerza se quede con ella. No quiero que la malgaste en venganzas absurdas, quiero ahorrarle cualquier sufrimiento, cualquier cosa que ella crea que puede hacer quiero hacerlo yo. Alicia antes de conocerme vivía en una burbuja y aunque ya la he sacado de dicha burbuja quiero que siga siendo inocente, pura; que le dé más amor a mi hijo del que normalmente podría darle, quiero que le dé todo ese que a mí me falta... — No hables así, estoy seguro que serás un buen padre y que podras llenar a tu hijo de amor. — ¿Cómo voy a ser un buen padre si no he tenido buen ejemplo de eso? Estoy luchando contra mi padre, lo estoy odiando justo ahora y no sabes las ganas que tengo de tenerlo enfrente y matar mi frustración, mi rabia, mi ira en su rostro, en su cuerpo. Quiero despellejarlo. — Suspiro y frunzo el ceño mientras hablo. — Mi madre no es una mujer completa por él, por su culpa y yo... y yo soy como soy también por él, no es que desee otra vida pero sí me gustaría ser más humano a veces. — Como dices, la pureza de tu esposa y el amor de esa nueva vida que crece dentro de ella va a darte tanta energía como no te imaginas y va a hacer que florezcan todos esos sentimientos que crees que están muertos, así que no te afanes. — Comprendí que Alicia había ido a pedirle ayuda a Dante con respecto a su entrenamiento, así que decidimos dirigir nuestra conversación en esa dirección. Aunque sabía que Alicia era fuerte y decidida, no quería que se viera arrastrada a luchar batallas innecesarias o ganar enemistades que solo traerían más complicaciones a nuestras vidas. Como mi mujer, ya tenía algunos enemigos por mi causa, y eso era algo que me preocupaba profundamente. Lo que más deseaba para Alicia era que se enfocara en cuidar de nuestro hijo y en darle todo el amor y la atención que necesitaba. Yo sabía que mi propia infancia había sido difícil y complicada, marcada por la ausencia de amor y la presencia de conflictos familiares. Eso me había dejado cicatrices emocionales que aún me afectaban en el presente, especialmente en mi batalla con mi padre como enemigo. A pesar de mi amor por mi hijo, sabía que no siempre sería capaz de darle el amor y la atención que se merecía debido a mis propios traumas y luchas internas. Por eso, quería que Alicia estuviera allí para él, brindándole el amor y la estabilidad que yo no siempre podría ofrecerle. Mi conversación con Dante giraba en torno a esta preocupación, buscando asegurarme de que Alicia estuviera protegida y cuidada mientras enfrentábamos los desafíos que se nos presentaban. Juntos, estábamos determinados a proteger a nuestra familia y a construir un futuro mejor para nuestro hijo, sin importar los obstáculos que se interpusieran en nuestro camino. Después de hablar con Dante, me sentí un poco más tranquilo, aunque solo fuera un poco. Sin embargo, ahora tenía una nueva preocupación en mente: hablar con Luna y ponerla en su lugar. Necesitaba recordarle el espacio que le correspondía, ese espacio que solo ella debía ocupar y del cual no podía salir. Una vez que Dante se marchó, terminé de tomar mi trago y tomé una decisión: era hora de llamar a Luna y enfrentar esta situación de una vez por todas. Sentí un nudo en el estómago mientras marcaba su número, preparándome mentalmente para la conversación que se avecinaba. Llamada... — Hola... — Guardaba la esperanza de que harías lo que te dije. — Diablo... ¿Y ahorrarte el disgusto? Me cambiaste por una aparecida y me quitaste mi vida. — Te dí una nueva. Podías hacer todo y escogiste joderme. Espero que sepas defenderte. — Aprendí de tí. No te preocupes. Tu padre es todo un caballero. — Qué asco. — Jajajaja Tic, tac. — Ni mi padre ni tú saben a quien llamaron a la guerra. Dile, ahora que eres su zorra, que le tengo preparada una sorpresa. — Cuelgo sin esperar respuesta y con una rabia que no se si pueda controlar en lo que queda del día. Cuando Luna contestó al otro lado de la línea, mi voz sonaba firme y decidida mientras le recordaba nuestra historia y le dejaba claro cuáles eran mis límites. No podía permitir que su presencia en la vida de mi padre pusiera en peligro todo lo que había construido, y era hora de que lo entendiera. Con determinación en mi corazón, enfrenté la conversación con Luna, sabiendo que era necesario establecer límites claros y proteger lo que más valoraba en este mundo: mi familia y mi organización. Durante la conversación, Luna se mostró desafiante y altiva, lo que solo confirmó mis sospechas de que estaba del lado de mi padre y que estaba dispuesta a hacer cualquier cosa para cumplir sus deseos. Su tono burlón y sus palabras llenas de desdén fueron una clara señal de su lealtad hacia mi padre y su disposición para llevar a cabo sus planes, sin importar las consecuencias. A pesar de mis esfuerzos por establecer límites claros y dejar en claro que no toleraría su interferencia en mi vida, Luna parecía decidida a desafiarme y a seguir adelante con sus propios objetivos. Su actitud desafiante solo sirvió para reforzar mi determinación de proteger a los que amaba y de enfrentar cualquier amenaza que se interpusiera en nuestro camino. A medida que la conversación continuaba, me di cuenta de que Luna representaba una amenaza real y tangible para todo lo que había construido, y que era necesario tomar medidas drásticas para asegurarme de que no pudiera causar ningún daño adicional. Con esto en mente, continué enfrentando la situación con la determinación y la fuerza necesarias para proteger a los míos y mantener el control sobre mi vida y mi organización.
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