Roma es una gran ciudad para pasear por sus calles e enamorarse, es quizás una de las mejores ciudades del mundo, llena de arte e historia, solo debes pasear por una calle para encontrar los rastros de miles de años, era una de las mejores ciudades del mundo pero también era una de las más caras, tenía una enorme belleza que nadie podía negar pero eso no quitaba que vivir ahí, con un sueldo mínimo, fuera muy caro, soy consciente de ello, pero es la ciudad en la que nací de la que estoy enamorada por lo que jamás podría dejarla.
Como cada día, la alarma sonó a las cinco de la mañana, por mucho que quisiera no me podía quedar en la cama, debía levantarme y cumplir con mis responsabilidades.
Con cuidado me levanté de la cama y camine al baño, me di una ducha de agua fría y me vestí en el baño intentando no hacer ruido para no despertar a mis hermanos, camine a la cocina mientras me hacía una coleta y mire el desastre, todo el salon estaba lleno de botellas de cerveza.
Suspire.
Recogí el salón y me metí en la cocina para intentar terminar mis deberes que no pude terminar la noche anterior, tenía que hacer una redacción sobre mi vida para clase de literatura, era mi asignatura favorita pero no sabía qué decir, mi vida no era para nada como el resto de mis compañeros, no sabía que contar para poder seguir mirando a la cara a las personas sin ver sus rostros de pena.
Suspiré.
—¿Como mierdas voy a explicar una vida bonita si no la tengo?—me pregunte a mi misma.
Cerré los ojos y pase mis manos por mi cara.
Cerré mi cuaderno porque realmente no sabía sobre qué podía escribir, no sentía que mi vida tuviera nada bueno.
Comencé a preparar el desayuno y la comida de mis hermanos para que se la pudieran llevar a clase, les prepare unos bocadillos para que pudieran comer cuando quisieran y les puse unas galletas para que comieran algo dulce, las galletas nos la había dado una de las vecinas, todos en el vecindario eran demasiado amables, nos daban comida y nos ayudaban demasiado.
La puerta de la casa se abrió y dos segundos después, un gran y hermoso perro se acerco a mi, sin dudarlo le di un poco de beicon que estaba haciendo para el desayuno.
—Buenos días, Enzo—salude a mi hermano que entraba a la cocina.
Mi hermano pequeño se tiró en la mesa de la cocina y usó sus manos como almohadas.
—Me he encontrado al señor Di Angelo—me dijo.
Nuestro casero.
—Me ha dicho que llevamos dos meses de retraso—comento mi hermano.
Me quede demasiado impresionada y le mire.
—Es imposible, mamá debía pagarlo—me queje.
Mi madre tenía un trabajo y yo otro, con el de ella se pagaba el alquiler y parte de la comida y conmigo se pagaba los gastos que no eran directamente necesario pero que necesitábamos eso para vivir, por ejemplo, usábamos mi dinero para pagar mis libros, las cosas que Enzo necesitaba para jugar a fútbol y lo que mi hermana Alison necesitaba para sus clases de Baile.
—Ha sido culpa mía, Alison necesitaba unos zapatos para ballet y se los he comprado—comente—Debí saber que si mamá no aparecía era mala señal—comente.
Mi hermano me miró.
—¿Y el dinero del sueldo de mama?—me pregunto.
Le mire.
—No lo sé—le dije—Pensaba que lo estaba pagando—aclaré.
Mi hermano me miró.
Suspiré.
Mi madre trabajaba en un cafetería, en una pizzería cercana a casa, pero las pocas ganas de trabajar de mi madre, que casi nunca se presentara y muchas cosas más, seguro terminaron haciendo que se fuera y como no iba querer lidiar con vernos a la cara, y sufrir la humillación de que sus hijos le miraran mal, pues no apareció y nos dejó solo ante los problemas.
—Tranquilo—le dije—Voy a buscar otro trabajo—le dije.
Mi hermano me miró.
—¿Donde esta mama?—me pregunto.
—No lo sé, llevo sin hablar con ella casi una semana—le dije.
Mi hermano me miró.
—Voy a aceptar el puesto en el equipo superior, me van a dar dinero, no mucho pero es algo—comentó.
Mi hermano era bueno en el fútbol, hacía dos semanas le había ofrecido un puesto en un equipo superior, no como oficial pero sí en otra categoría, el único problema es que los entrenamientos eran lejos y tarde por lo que iba estar viajando gran parte del día, no me parecía bien que un chico de quince años tuviera que tener esa responsabilidad.
—Enzo, no creo que debas lidiar con eso—le dije.
—Ni yo que debas lidiar con todo tú, somos una familia para las buenas o las malas—me dejó claro.
Mire a mi hermano, tenía razón que no podía lidiar sola con las cosas pero no era nada divertido las responsabilidade que mi madre debía tener a mi hermano pequeño sufriendo los malestares de traer dinero a casa.
—Pediré un adelanto en la librería—le dije.
Mi hermano asintió en silencio y le di su desayuno, unos minutos después, mi hermana más pequeña, Alison entro en la cocina y se sentó en la mesa.
Le puse el desayuno y ella me miró.
—He soñado con que papá venía—comento mi hermana.
La mire.
Eso era imposible, habían pasado demasiados años desde que mi padre se fue diciendo que iba a buscar un futuro mejor para nosotros y no volvió, nos dejó tirados como si nunca hubiéramos importado, como si no existieramos, nos dejó sin molestarse en ayudarnos de alguna forma a sobrevivir, nos dejó con una madre que ponía ante todo sus prioridades a las nuestras, se que tenía una enfermedad pero eso no hacía más fácil las cosas, solo las complicaba mucho más.
—Desayunar rápido, aún tenemos que coger dos autobuses para ir a clase—les avise a mis hermanos.
Les deje desayunando mientras que yo iba a recoger el baño y las habitaciones, para que al menos quedarán presentables mientras no estabamos en casa, el casero era mucho de aparecerse por las casas sin avisar por lo que no quería tener más problemas de los que ya teníamos por no pagar.