MADURANDO

1320 Palabras

ALBERTO —¿Qué haces? —¡Está vivo! —Un niño salió corriendo, soltando el reloj de Alberto. Alberto levantó la cabeza sacudiéndose una gruesa capa de polvo escarlata y observó a Renata, quien se encontraba con los ojos y la boca abierta. Tenía los dientes inferiores enterrados en el fango. Él estiró con dificultad la mano y susurró: —Amor, amor, despierta. Ella se sacudió y una voz ronca gritó: “¿No puede ser posible? La bella mujer está con vida y yo me la pedí de primeras”. Otra dijo: “No importa, mejor que aún esté tibia y de todas maneras ya le robamos lo que tenía de valor”. —Aléjense, carroñeros, aléjense o lo lamentarán—. Alberto se reincorporó apoyándose con las manos y descolgando los hombros. Alistó los puños cuando un tronco grueso lo golpeó en la cabeza, arrojándolo de nuev

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