MARIANA —Mariana, por favor, reconsidera las cosas, no me dejes y menos en esta situación. Es que necesito liderar a toda la manada. —Como siempre pensando únicamente en usted, es que ni siquiera en mis hijos—; Mariana se limpió las lágrimas y le pegó una bofetada al padre de su hijo. Cuando continuaba golpeándolo, Sheila se atravesó diciendo: —Es mejor que se den unos momentos, vayan y descansen un rato, están cansados por las aventuras de la selva… —El único que tuvo aventura en la selva fue este, con la perra de Ligia, los ojos de Mariana parecían que lanzaran chispas de fuego. —Vuelvo y te repito que no tuve nada con Ligia. —Alberto volvió a repetirlo a sabiendas de que no le servía para nada. —Los hombres son unos imbéciles, no se conforman con ninguna y eso que todas tenemos lo

