El silencio tras la retirada del Maestro de Sombras era casi insoportable. El grupo, agotado, se reunió en el centro de la sala. Valeria sostenía la barra metálica con manos temblorosas, mientras Damián la observaba desde su rincón, con una calma extraña. Clara rompió el silencio. —Lo logramos otra vez. Pero… ¿cuánto más podremos resistir? Elías, con el rostro sombrío, murmuró: —No lo sé. Pero algo no encaja. Valeria lo miró, confundida. —¿Qué quieres decir? Elías respiró hondo, como si cada palabra pesara. —He visto a esos cazadores antes. Sé cómo actúan. Pero aquí… algo es distinto. Se mueven como si supieran exactamente dónde estarán ustedes, como si alguien los guiara. El grupo se tensó. Los pacientes se miraron entre sí, nerviosos. Clara frunció el ceño. —¿Estás di

