El bosque se extendía interminable, y Valeria avanzaba con pasos cansados, la barra metálica aún en sus manos. El aire frío le quemaba los pulmones, pero lo que más la desgarraba era la sensación constante de que alguien la seguía. La primera señal Al detenerse junto a un arroyo, escuchó un crujido detrás de ella. Su corazón se aceleró. Giró rápidamente, levantando la barra, pero solo encontró ramas agitadas por el viento. —No… no es nada —susurró, intentando convencerse. Sin embargo, la duda se clavó en su mente. ¿Era realmente el viento, o Damián la había alcanzado? El eco de pasos Horas después, mientras caminaba por un sendero estrecho, escuchó lo que parecían pasos detrás de ella. Se detuvo, conteniendo la respiración. El silencio volvió, pero su mente no podía ignorar el ec

