Al cabo de un rato, tuve que controlarme, porque iba a terminar asustando al pobre de Eddie, con mis gritos de loca complacida. Cubrí mi boca, controlando mis gemidos, pero no mis caderas lujuriosas y enloquecidas, quería que él siguiera allí eternamente pero habían otros pasos que teníamos que dar esta misma noche, mi virginidad tenía que desaparecer con este hombre, bello y hermoso. —Eddie.—le llamé, abandonó mi v****a, dejándome demasiado húmeda, uní mis piernas y estas resbalaban. Subió dando besos por mi vientre, besó mis brazos y llegó a mi cuello. —Eres…hermosa.—susurró en mi oido derecho.—Demasiado bella, Charlotte.—repartió besos por todos lados y yo no podía entender porqué mi cuerpo temblaba, hasta que fui consciente de que su pene empujaba con suavidad, pero con mucha suav

