Alguien aporreaba la puerta sin cesar. ¡Era sábado! Pero más importante, no esperaba a nadie, no tenía idea de quién podría ser. Todavía estaba en pijama, me fui arrastrando los pies hasta la puerta, lleno de sueño, colocando mi ojo en la mirilla para ver quién podría ser. Christian Palmer. Chris. Abrí despacio, viendo su figura frente a mi puerta. —Buenos días.—le saludé. Se me escapó un bostezo que cubrí con mi mano izquierda. —¿No me invitas a pasar?—dije este, observando mi pijama de Homero Simpson. —No eres bienvenido en mi casa, Chris.—dijo con sinceridad, su boca se torció, haciendo una mueca grotesca. —Es obvio que yo tampoco vengo por gusto, déjame pasar, hace frío.—abrí mas la puerta para que él entrara, después busqué donde ver la hora, parecía temprano. Siete y

