Sin embargo, mi alivio duro poco porque Braulio tenía más cosas que decir. Sin embargo tus órdenes no solo eran mías, también harás todos lo que te diga Lorenzo, no quiero la desobediencia de ninguna manera, y si escucho la mínima queja de él al respecto a ti, entonces no tendré más remedio que despedirte. Durante unos minutos, no dije nada ya que las palabras se estaba repitiendo en mi cabeza, pero después de comprender cómo iba a ser de ahora en adelante ya no pude evitar verle la cara al hombre que ahora él iba a gobernar mi vida en el trabajo. Lorenzo tenía sus ojos puesto en mí y cuando mis ojos se encontraron con los suyos, sonrió y supe que iba a disfrutar torturarme a a cada momento, había encontrado la manera perfecta de destruirme, pero no dejaría que lo hiciera. Estás de acu

