ISRAEL En el bote navegando por el río, solamente podría imaginarme la sangre de Julián derramada y escuchar sus gritos, suplicando que acabe con su sufrimiento, imaginar eso me hizo sonreír. Unos minutos más en el río y llegué a mi destino, justo a tiempo, pues, mi nueva víctima estaba despertando y era el momento de jugar, lo baje del bote junto con mi bolso y lo arrastre a una pequeña cueva, donde aunque entra la luz del día, tengo la privacidad suficiente para torturarlo. —¿Qué haces?, suéltame — el muy imbécil trata de que lo suelte, pero aun respirando con dificultad no lo suelto. Lleve a ese miserable a dentro y comencé a disfrutar de hacerlo gritar. Ate sus manos sobre su cabeza, e hice un gran esfuerzo, para mover una gran piedra y colocarla sobres sus manos, se las aplaste

