ISRAEL Conduje algunas horas hasta el hospital, me detuve un momento a comer y luego llegue a mi destino, al entrar pregunté por el estado de mi padre y su esposa y ambos están mejor ambos luchan y eso me alegra mucho. Me dieron el permiso para entrar y en cuanto lo hice note su mejoría, su rostro tiene mejor color y sé que pronto estará dándome sermones, aún tiene el respirador, pero los médicos dicen que si sigue como hasta ahora en un par de días lo retiraran. —Hola, papa, no sé si es escuchas espero que sí, pero eso es lo que siempre has sido para mí, mi padre, el único que me enseñó la diferencia entre el bien y el mal —exprese sujetando su mano y supe que me escuchaba porque apretó mi mano con fuerza. —Me alegra que me escuches, debo confesarte que a mis diez años asesine a tu h

