—Espero que te vayas adaptando a tu nueva vida —dijo Antón con una leve sonrisa mientras Claire pasaba frente a él, escoltada por los agentes hacia su celda. Claire se detuvo por un instante y lo miró de arriba abajo con desdén. Sus labios se curvaron en una sonrisa gélida, sin rastro de miedo ni arrepentimiento. —En tu lugar no me regodearía mucho —su tono era sereno, casi condescendiente—. Esto será temporal. Antón ladeó la cabeza, observándola con detenimiento. Le sorprendía lo intacta que parecía, como si la situación no la afectara en lo más mínimo. —Admiro tu optimismo —respondió con calma—, pero en tu lugar, trataría de poner los pies en la tierra. Esta vez estás hundida en estiércol como no te imaginas, y lo peor de todo es que ni siquiera quieres verlo. Claire esbozó una sonr

