La foto de Iramil

1945 Palabras

Bajo un estado de angustia, Alondra se encaminó hacia la delegación. Sus pasos eran torpes, impulsados más por la desesperación que por la fuerza. No tenía a nadie más a quien recurrir. Se sentía como una náufraga en medio de un mar de incertidumbre, atrapada en una pesadilla de la que no podía despertar. El único rostro conocido y que sabía tenía poder, aunque no como en su país, era el de Anton. Pero él, de manera inexplicable, se había empeñado en darle la espalda, en ignorar sus súplicas y en acusarla de cosas que hasta ese momento ella no lograba comprender. La sensación de traición la quemaba por dentro, pero tampoco pensaba molestarse en entenderlo ni detenerse a elucubrar. No tenía tiempo para eso. Su vida, la vida de Iramil y de Lisa, eran lo único que importaba. Nada más. No pod

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