Camine en silencio hacía la mesa, mientras Alexander se quedó quieto mirándome hasta que llegué a la mesa y en pocos pasos llegó a esta. Todos nos sentamos en ella, y por supuesto a mi me tocó estar al lado de Alexander. —¿Habéis terminado el trabajo?—preguntó Natalie mientras repartía la lasaña. La mesa no es que fuera grande, estaba claro que era una mesa para cuatro personas y no para seis, por lo que estábamos bastante apretados, las piernas de Alexander rozaban las mías, y aprovecho eso para poder tocar con su mano un poco mi pierna, era un toque suave, tranquilo, delicado, como si tuviera miedo a hacerme daño —Si, ya lo hemos entregado por suerte—dije mientras pasaba el agua a Silvia para que se sirviera. —Yo realmente pensaba que estabas durmiendo, cabrón—se quejo Blake y mie

