CAPITULO 4

4342 Palabras
Gire una vez. Luego dos. Tres. Cuatro. Cinco. Seis. Me tropecé, pero no me caí. Volví a girar sin darme tiempo a marearme o pensar. Y luego di todos los giros que pude. Uno Dos Tres Cuatro Cinco Seis Siete Ocho Y medio. Apoye mi pierna para no caerme al suelo y me mire en el espejo. Respire hondo. Apoye mis manos en mis caderas mientras respiraba con fuerza, eche mi cuerpo hacia adelante para respirar con fuerza y que mi cuerpo se volviera a recuperar, aunque no fuera un esfuerzo intenso, me había cansado por llevar cinco días sin hacer un solo entrenamiento. El ballet era mi refugio seguro, siempre que estaba mal, siempre que no sabía que hacer o cómo hacerlo, bailaba y las ideas se ordenaban. No podía dejar que Alexander me tocara de más, pero tenía que tocarme, por ello podía poder zonas limitadas de tocamiento, de esa forma los dos ganábamos, yo estaba tranquila y él seguía demostrando que era un hombre. Estire mi cuello. Me senté en el suelo, para quitarme mis puntas. — ¿Podrías dar clases el sábado a las mañana? —me pregunto la señora Jackson desde la puerta de la sala. La señorea Jackson era una mujer mayor, que llevaba la escuela de baile de la ciudad con su hija y nieta, eran una familia de bailarinas, eran una familia hermosa, la señora Jackson tenía el cabello blanco, llevaba bastón y estaba lleno de arrugas pero tenía una técnica de ballet impresionante y daba grandes consejos. Su hija Ángela fue casi profesional en baile contemporáneo pero se fracturo la espalda y ahora se dedica a enseñar, es una gran mujer pero en ocasiones veo como le duele no poder bailar, pero al menos puede andar sin ayuda de muletas, y por ultimo Charlotte, la menor de las tres, era medico deportivo, le gustaba el baile pero no lo practicaba como su abuela o madre, pero era una chica muy maja. —Claro—dije y le mire—Sabes que siempre que te falta de profesoras, me puedes avisar—dije. Me encantaba ser voluntaria en la escuela de baile de la ciudad, daba clases de baile a las niñas de forma gratuita, no necesitaba el dinero, y me gustaba el baile, así que eran dos cosas que me encantaban juntas, los niños y el baile. —Gracias preciosa—hablo y me levante cuando ya tenía mis parisinas puestas. —Gracias por dejarme bailar un poco cuando no habéis ni abierto—. La señora Jackson me miro. —Es un placer verte bailar, es una pena que no vayas a una universidad de baile—comento. Era lo que todos me decían, pero yo no quería hacer de lo que amaba un trabajo porque eso haría que lo amara menos, no quería bailar para comer, quería bailar por sentirme libre, por respirar, porque lo amaba. —Si así fuera, no estaría aquí —fue mi respuesta. Me despedí rápidamente y me fui a casa para ducharme y comer. Pedí un taxi porque aunque pudiera caminar, acababa de hacer deporte y no me quería arriesgar a desmayarme. Mi cuerpo no estaba preparado para muchos esfuerzos seguidos, por mucho que me empeñara en no dejar nunca el ballet, había una razón por la que mi cuerpo no resistía hacerlo siete veces al día, ¿Quería hacerlo? Sí, pero mi cuerpo no estaba echo para ello. Al llegar a mi casa, entre con tranquilidad para ver a mi hermano en la cocina sentado. — ¿Qué haces aquí? —le pregunte molesta. —Tenemos que hablar—dijo y le mire. —No tengo nada que hablar contigo, Christopher—deje claro mientras me metía en la cocina y saca mi taper para calentarlo. Mientras se calentaba en el microondas, me comí una manzana. —Puedes irte—deje claro. —Olivia—me llamo y le mire—No puedes ser tan infantil—. — ¿Infantil? —le pregunte molesta—Creo que el idiota que no para de molestar o tocar las narices, eres tú—dije y le mire—Tengo padre por si se te ha olvidado—. Mi hermano me miro. —Sí, y si no le has contado a papa o mama esta estupidez de que ese chico es tu novio es porque sabes tan bien como yo, que no es bueno—hablo y le mire molesta, creo que no le había dicho que era mi novio, sino que estábamos en algo, pero mi hermano le gustaba sacar todo de contesto. —Sino le he dicho nada a mama es por no soportar preguntas de momento, primero hay que saber si merece la pena—explique. —Hasta tu sabes que no merece la pena—me reclamo mi hermano. Tenía ganas de gritarle, mi hermano no paraba de sacar las cosas que no quería decir o que no eran del todo así para ponerme nerviosa. —No sabía si iba a merecer la pena la relación hasta hace poco, se lo presentare a mama, tranquilo—dije demasiado molesta mientras no pensaba en nada de lo que estaba diciendo, pero cuando me enfadaba, mi cabeza ponía el piloto automático y adiós cordura. —No lo harás, no vas a hacer que ese chico entre en la vida de nuestra familia—dejo claro mi hermano en tono de amenaza. —No me das ordenes—. —Perdón si quiero evitar que nos hagan daño—hablo con ironía—Ese chico solo te usa para hacerme daño—. —Vete—le ordene y mi hermano me miro. —Olivia—me llamo y le mire. —Como no me dejes tranquila pienso llamar a mama, hare que venga y que te lleve a casa de la oreja o que te pegue—avise. Mi hermano suspiro con fuerza pero se fue de mi casa. Apoye mis manos en la mesa con cansancio. Odiaba a mi hermano y sus intentos de controlarme o hacer que el mundo entero girase sobre él. Saque el taper del microondas y me senté en una silla de la barra para comer. Mi móvil sonó. Lo saque y vi que tenía un mensaje de un número desconocido. “Hunter me ha dado tu número, he tenido que prometerle que le presentaría a una chica guapa asi que más te vale no bloquearme, Byrnes” Mire el mensaje. “Soy Alex, por cierto” Suspire con fuerza “Pienso bloquearte y cambiar de número” Alex respondió rápido. “Eres mi novia no puedes hacerlo” Respire hondo. No le respondí porque no merecía la pena. Unos segundos después la pantalla de mi móvil se encendió y era una llamada de Alexander. Este chico no se da por vencido. — ¿Qué quieres? —dije nada más contestar. —Hola a ti también—bromeo y puso mis ojos en blanco aunque no me pudiera ver. —Alexander—le avise—Como no hables, cuelgo—avise. —Tengo un partido mañana—hablo y suspire—Tienes que venir—añadió y suspire otra vez porque era lo que menos me apetecía—Necesito saber dónde vives para ir a buscarte, o vienes a mi casa y vienes con nosotros—. — ¿Y no puedo ir sola? —. —Necesito que lleves mi camiseta—dejo claro. — ¿Necesitas? —pregunte. —Es el trato, nadie va creerse que eres mi novia si no llevas la camiseta—aviso. —Nunca has tenido novia, nadie sabe cómo eres de novio—recordé. Note como suspiraba. —Esto es más por ti, que por mí—hablo e hizo una larga pausa—Pero te aseguro que quien me conoce sabe que soy posesivo con las cosas que quiero y con mi novia sería mucho más posesivo—hablo—Por ello, te vas a sentar con Silvia, Owen y Natalie, no me importa si tienes asientos favoritos, pero te quiero detrás de mí banco—. —No voy a seguir tus ordenes—deje claro—Y menos me voy a sentar con tu sequito—. —Son mis amigos, no mi sequito, quizás si salieras del culo de tu hermano sabrías lo que es tener amigos de verdad—dijo antes de colgar. Vale, era la primera vez que Alexander cortaba la conversación, siempre era yo quien huía de él, nunca se daba por vencido en hablar conmigo pero estaba claro que lo de sequito le había molestado demasiado. Respire hondo. Mire mi móvil pensando en llamarle o enviarle un mensaje pero sé que no iba a responder, al menos yo no lo haría. Pase mis manos por mi cara, cansada. Esto había sido un mal plan, pero al final no podía echarme atrás. Solo tenía que aguantar hasta mañana sin causar problemas y solucionaría las cosas como pudiera con Alexander. Por ello seguí mi rutina de la forma más concreta posible. Me duche y fui a las clases de la tarde. A la noche cene en mi habitación porque no me apetecía tener que enfrentarme a Laima. Al día siguiente solo tenía tres clases, todas por la mañana. Así que las hice, fui a clase y después fui a casa. Comí. Me puse unos vaqueros. Prepare mi bolso pequeño y pedí un taxi para ir a casa de Alexander. Si tenía que pedirle perdón para que siguiera en este juego, lo haría. Tarde diez minutos en llegar a la casa, estaba claro que el equipo visitante estaba llegando porque había más tráfico. Toque el timbre. Una chica de ojos marones y piel clara llena de pecas abrió la puerta, tenía el pelo castaño recogido en una coleta baja, unas líneas verdes en sus mejillas, el verde era el color de la universidad y el tigre el animal. Llevaba una falda y una camiseta del equipo. Ella debía ser Silvia, la otra compañera de piso de Alexander, su otra amiga y no seguidora. — ¿Esta Alexander? —le pregunte. —Sí, está dentro—hablo con tranquilidad. Entre a la casa para ver a Alexander en el salón metiendo cosas en una mochila deportiva. —El centro es duro, pero creo que con un poco de presión, se vendrá abajo rápido—comento Owen mientras miraba una pequeña pizarra. —Fue al campamento de verano con Christopher, se pone nervioso detrás de la red—hable. Todos clavaron sus ojos en mí. Todos menos Alexander. —Ese es una gran información—hablo Owen mientras la apuntaba— ¿Sabes algo más de alguno del equipo? —me pregunto. —Owen es asistente en el equipo, ayuda a organizar estrategias—explico Silvia que se colocó a mi lado—Tu debes ser Olivia—hablo y asentí—Soy Silvia—. —Encantada—fue mi respuesta. Silvia hizo el amago de darme la mano pero cuando yo no me moví, evito el movimiento, odiaba que las personas me tocaran. —Pensaba que no iba a venir—le dijo Natalie a Alexander—Ayer dijiste que fue una cabrona—. Mire a Alexander. — ¿Que importa? Por fin tenemos una chica más en el grupo, vamos a poder ganar más discusiones—comento Silvia. —No está en ningún grupo—hablo Alexander clavando sus ojos en mí. —Bueno, puede que estéis fingiendo pero de todas formas tenemos que llevarnos bien con ella—hablo Silvia. Mire a Alexander. —Mira, siento si ayer fui un poco borde—hable y mire a Natalie para que no soltara un comentario—Había discutido con mi hermano y estaba enfadada, lo pague contigo—dije y suspire—Lo siento—. Alexander me miro. —No hagas que me ponga de rodillas—avise y me cruce de brazos. —Estaría divertido—comento Blake y lo mire mal. —Vale—fue lo único que dijo Alexander antes de lanzarme su camiseta—Póntela—. — ¿El baño? —pregunte. Todos me miraron impresionados. —Chica, no tienes que quitarte la camiseta blanca, solo quitate la chaqueta y ya está—hablo Natalie. Cerré mis brazos aún más fuertes en mi cuerpo. —Esa puerta—señalo con tranquilidad Alexander. Entre rápidamente, me quite la chaqueta y el bolso. Suspire con fuerza. Me puse la camiseta de Alexander por encima. Me volví a colocar el bolso y colgué la chaqueta de este. Salí. Todos terminaban de prepararse en silencio. Me acerque a Alexander. — ¿Algo que deba saber? —le pregunte y el aparto su mirada de su mochila para mirarme. —Grita mi nombre de vez en cuando—hablo y le mire—Estaría bien que me animaras—. — ¿También quieres que te bese con cada tanto? —pregunte y él me miro. —Mi trabajo es evitar que el culo de tu hermano salga herido—dejo claro y le mire—Pero si te hace ilusión, meteré un par de goles para dedicártelos—. Negué. —Suéltate el pelo—pidió y le mire. —No—. No respondió, agarro mi coleta y tiro de ella, haciendo que mi goma se saliera. —Oye—me queje—Es mi goma de pelo favorita—me queje. Alexander se la puso en la muñeca. —Ahora es mi amuleto de la suerte—dijo y le mire molesta—Te la voy a devolver tranquila—. No dije nada porque quería gritarle y pegarle y no iba a pasar por volver a tener que pedirle perdón, me daba demasiada pereza tener que hacerlo. — ¿Nos vamos? —pregunto Blake. Alexander cerró su mochila y la puso sobre su hombro mientras su brazo libre lo pasaba por mis hombros pegándome a él. — ¿Preparada para el teatro? —me pregunto divertido. Volví a evitar responder porque otra vez, iba a decir algo que no le iba a gustar y no iba a volver a pedirle perdón. Salimos de la casa y nos acercamos a la camioneta de Alexander. Alexander me condujo hasta el asiento del copiloto y me abrió la puerta. — ¿No es mejor que vaya atrás? —le pregunte, pensando en las enormes piernas de Blake. Alexander me miro. —No, mi choche, mis normas—dejo claro y me miro, subí al coche y me senté. Blake, Silvia y Natalie iban en los asientos detrás de nosotros y en una especie de maletero enorme y especial, iba Owen en su silla de ruedas. Saque mi móvil para mirar si tenía algún mensaje. Y los tenía, eran del grupo de la familia en los que mis hermanos deseaban suerte a Christopher y tenía un mensaje aparte de mi madre que pedía que le enviara fotos. Reí. — ¿Con quién hablas? —pregunto Alexander cuando entro al coche y le mire. —Mi madre, quiere que le envié fotos del partido—respondí tranquila. — ¿Le vas enviar fotos mías? —pregunto divertido. —Quiere fotos de mi hermano—deje claro mientras escribía una rápida respuesta a mi madre—Ella no sabe que estamos enfadados—. —No tiene que saberlo—dijo Blake—O eres de esas niñas que se lo cuenta todo a sus padres—bromeo y le mire. —Si—. Mi respuesta hizo que todos me miraron impresionados. —Mi madre es una buena persona y buena madre, así que le cuento todo, como lo hace Christopher o mis otros hermanos—deje claro—Por eso el número de la camiseta de Christopher, el cumpleaños de mi madre—. No sé porque les estaba contando esto, no era de las personas que sintiera que tenía que justificarse por todo, pero en mi cabeza tenía sentido dejar claro quién era mi madre, porque cualquiera que estuviera cerca mia sabría qué es lo primero en mi vida y que si me pongo triste, me iría a casa con ella o de compras. —Entendido, no mencionar insultos de madres en el vestuario—comento Blake con tranquilidad—Creo que no volveré a llamar niño de mama a Christopher—. Un rato después en los que los amigos hablaron de la fiesta a la que irían, cuando ganaran, porque tenían clarísimo que iban a ganar, no comente nada, porque no me gustaba ser la que trajera la mala suerte. Llegamos a la pista, Alexander aparco en la zona especial, y apago el motor para que todos bajáramos. Baje y un nudo comenzó a formarse en la boca del estómago. Me estaba arrepintiendo de este plan, era la primera vez que iba a salir en público con él siendo su “novia”, me daba miedo. Alexander se acercó a mí y me miro. —Vamos, tengo que calentar y tengo la charla pre partido—comento y le mire. El aparcamiento estaba vacío, solo estaban los coches del personal y de algunos jugadores, aun lo había comenzado a llegar las personas que verían el partido. — ¿Hemos venido pronto? —pregunte. —Ahora vas a empezar a disfrutar de lo que es ser novia del capitán—comento mientras agarraba mi mano para llevarme a dentro. La pista era moderna, estaba claro que la inversión de Alexander Taylor hizo mucho por el equipo y la universidad. Alexander me llevo por el lugar, no tiraba de mi mano pero me guiaba con cuidado. Se paró en seco y tiro de mí para que me apoyara en una pared, sin soltar de mi mano se colocó delante de mí casi pegado a mí. — ¿Qué pasa? —pregunte. Alexander dejo caer su bolsa y paso su mano por mi mejilla mientras con la otra jugaba con mi mano. —Las novias del equipo siempre hacen reuniones antes de los partidos, comen juntas y hablan de cómo van animar al equipo—explico y le mire—Tienen la teoría que al tener novios que son amigos, deben trabajar juntas por el mismo objetivo—explico y asentí—Van a querer que lideres—. —No—deje claro y me miro. —Debes parecer una novia enamorada—se quejó y le mire. Me cruce de brazos. —Olivia—me aviso y le mire. —No uses mi nombre—pedí haciendo que me mirara sorprendido—Suena raro en tus labios—confesé. Más que raro, me provocaba un hormigueo que no me gustaba, siempre lo decía con una delicadeza, no como si me fuera a romper sino como si fuera un secreto entre los dos. —Silvia y Natalie te ayudaran—aviso y le mire—Les he pedido que te cuiden—. —No necesito que me cuiden—deje claro. Alexander suspiro y apoyo su cabeza en mi hombro. —Vas a provocar que me salgan canas—se quejó y me quede quieta por su contacto—No les he dicho que te cuiden porque no sepas cuidarse, sino porque esas chicas son unas locas y muy intensas, te harán preguntas de cosas que no hemos acordado—dejo claro y me miro—Tenemos que hablar de nuestra historia—. —La historia es sencilla y solo tenemos que acudir a la verdad, juegas con mi hermano, vamos a clases juntos, nos comenzamos a ayudar en clases y surgió algo—dije y le mire. —Esa no es la historia—hablo entre dientes y le mire, claro que era la historia, había conocido a Alexander el año anterior cuando comenzamos la universidad, no antes y no después— ¿Es tu hora de comer? —pregunto y le mire. —No tengo hambre—deje claro. No la tenía. Podía comer fuera de mi horario pero no me gustaba hacerlo, siempre que lo hacía me descontrolaba y lo odiaba. Odiaba lo que ese descontrol provocaba en mi cuerpo, los mareos, dolores de cabeza y temblores eran una mierda. —He comido antes de venir—deje claro. Alexander pasó su mano por su barbilla mientras no soltaba mi mano. —No creo que te obliguen a comer, pero si se ponen muy pesadas, avisame—dejo claro y le mire. —No necesito que me salves—dije. Alexander me miro. —Besa ya a tu novia y ven a la reunión—grito Blake. Mire a Alexander. Antes de que este se pudiera mover o hiciera algo que no me gustara le di un beso en la mejilla. —Suerte—. Alexander me miro confundido pero agarro su bolsa para irse con Blake en silencio. Respire tranquila. — ¿Lista para el circo? —me pregunto Silvia y asentí. El circo del que hablaba Silvia eran chicas con minifaldas, camisetas del equipo y miles de globos y pancartas, todas eran las típicas niñas de fraternidad, perfectamente bien alineadas, pareciendo unas hermanas de otras. No estaba preparada para eso. —Cuando metan el primer tanto, soltamos los globos—hablo una chica pelirroja. Me quede impresionada, y esta era la razón por la que me gustaba mi sitio lo más alejado de estas locas, se hacían unos numeritos que eran demasiado ridículos. — ¿Esto es broma? —pregunte impresionada y todas me miraron. — ¿Eres la hermana de Christopher? —pregunto una chica con el pelo castaño y mechas azules. —Y la novia de Alex—añadió Natalie y la mire. Todas clavaron sus ojos en mí. —Entonces eres nuestra capitana—hablo una chica de pelo castaño mientras aplaudía—Soy Dylan, la novia de Hunter—se presentó. En la sala había unas trece chicas, pero teniendo en cuenta que el equipo tenía algo más de veinte jugadores en el primer equipo, dudaba que todas fueran novias del primer equipo. —No soy capitana de nada—deje claro y me cruce de brazos mientras todas me miraban—Pero si tuviera que liderar algo, romper los globos y las pancartas—dije y me miraron—Esto no es un concierto, los chicos deben estar concentrados y este circo solo les hará perder tiempo, cuando terminen darles besos y estarán felices—. Todas me miraron. —Todo esto, solo les hace gracia a ellos y su ego, nosotras no ganamos nada—añadí. Las chicas se miraron entre si mientras pensaban que decir. — ¿Y qué sugieres que hagamos? —pregunto una chica rubia—Soy Adela por cierto—. Suspire. —Si queréis estar juntas antes de los partidos, podéis instaurar una sesión de manicura o maquillaje antes, como un ritual de pintaros las uñas con el número del chico o lo que sea—aclare y me miraron, sabía que muchas de estas chicas eran amigas pero no lo podían ser públicamente porque eran de fraternidades rivales o simplemente no estaba bien visto que una miss Texas se relacionada con la chica que estudiaba algo de ordenadores—Pero esto—dije señalando la sala—No es divertido y os humilla—. Silvia se acercó a mí. —Creo que te has pasado— susurro Silvia. —Tiene razón—grito una chica desesperaba mientras tiraba los rotuladores—Quiero a JJ pero estoy cansada de que todos me preguntes que es lo próximo que vamos a hacer mientras se ríen—se quejó. JJ era uno de los porteros. —Puede que la nueva tenga razón—comento Dylan—Creo que con corazones en la cara y su número, sería suficiente—. —Ni con eso—dije y me miraron—Llevar su camiseta y gritar un poco su nombre y esos chicos serán felices, los partidos van rápidos, no les da tiempo a pensar ni ver lo que pasa, deben ir rápido y no parar, es mejor lo que hagáis antes y después, que durante—. —Pues que les den, dejémonos de este teatro—dijo Adela tirando los globos que se fueron al techo— ¿Y cómo lo hacemos? —pregunto. —Crear un grupo, antes de cada partido aquí decidís si queréis ir peinadas iguales, o haceros las uñas y contratáis a alguien que y venga aquí a hacerlo—les dije y suspire—O simplemente decís que estáis preparando la fiesta post partido porque los chicos son un desastre y venís a tomar café—les dije como si fuera obvio—En los partidos fuera es fácil, os quedáis en un hotel y que le den a esta universidad—. —Creo que si te van a tomar como su líder—hablo Natalie y la mire—Pero ten claro que a Alex le va poner triste que no lleves una pancarta para él—. Negué. Las chicas se pusieron a hablar, cada una me conto quien era, que estudiaba y su historia de amor con el jugador con el que salían, pero ninguna me pregunto por Alexander o Christopher, ni una sola pregunta. No sé si en la universidad se sabía de su odio, mi hermano no lo ocultaba pero se mantenía profesional en el hielo. Casi dos horas después, fuimos a nuestros asientos detrás del banquillo de los chicos. Me senté donde me indicaron Silvia y Natalie. Tenía claro que Alexander había elegido el asiento para tenerme lo más controlada posible. —Finge que te gusta—me susurro Silvia. —Me gusta el hockey—deje claro. —No me refería al hockey—susurro y la mire. Quise responder pero sonó el aviso por megafonía y el partido ya empezaba por lo que puse toda mi atención en el hielo.
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