Paris, Francia En la mañana siguiente luego de aquella intensa primera vez, la pareja continuaba acostada en la cama, Dolly estaba usando el pecho de Bruno como almohada, mientras él le acariciaba la espalda a la chica castaña que alzó su mirada para ver al joven que, aunque estaba despierto, todavía seguía con los ojos cerrados. —Bruno, ¿Qué haremos hoy? ¿nos regresamos a América? —pregunta Dolly porque quizás no podía quedarse en ese lejano país por más de un día. —¿Ya quieres regresar? —No quiero regresar todavía, pero, eso no significa que deseo quedarme en esta habitación, huele raro aquí, ¿no lo has notado? —comenta Dolly porque después que la fogosidad entre ellos disminuyó pudieron ver todo con mayor claridad. —Si, al parecer algo se murió aquí y nadie les avisó. Bien, vámonos

