[“No hay nada permanente, excepto el cambio.” - Heráclito] Después de disfrutar la comida, Emiliano tomó la mano de Alba y, colocándole el bastón en la otra, la guio hacia el puesto de algodón de azúcar. Pidió uno de tamaño generoso, de esos que parecen nubes rosadas del atardecer, y lo compartieron mientras retornaban al campus de la universidad. Alba comentó al llegar que entraría a su habitación para lavarse las manos, las cuales sentía pegajosas por el azúcar; él, por su parte, le dijo que iría a buscar su saxofón. Por un instante breve, consideró la idea de invitarla a su habitación, pero luego decidió no hacerlo, consciente de que ella podría malinterpretarlo. A pesar del torbellino de deseo que lo embargaba, sabía que no era el momento adecuado. —Te vengo a buscar en unos minutos

