—Escuchen— Misael se coloca en el centro del salón. —Creo que hemos encontrado una solución a nuestro problema. Todos los presentes – pertenecientes al equipo y a la resistencia misma – fueron sacados de sus camas o patrullas en plena madrugada ya que cierto pelinegro ruso no podía esperar hasta que el sol saliera para poner al tanto a todos. —Es que no entiendo que chingados tienes con el amanecer amigo, de veras, creo que tienes un serio problema— espeta el mexicano somnoliento y molesto —Ya dinos, me dará un infarto si sigues con tanto misterio — masculla Carlos. —Según algunas fuentes, en cinco días se espera la posible llegada de la tercer ojiva — anuncia Misael. —No sabemos dónde caerá exactamente pero lo más probable es que sea aquí o en las cercanías, así, de ese modo conseguirí

