CAPÍTULO VIII-3

1821 Palabras

—Creo que ella preferirá venir conmigo— contestó el Duque. Habló con uno de sus mozos después de montar a Samson y aquél levantó en brazos a Aline, quien se sentó a horcajadas frente a su padre—, esto es muy emocionante, papá— la oyó decir Marisa—. Nunca me había subido a un caballo tan grande. El otro mozo ayudó a Marisa a montar y el Duque bajó entonces la mirada hacia los hombres que los observaban. —Adiós— dijo—, me alegro mucho de haberlos conocido a todos. Los hombres vitoreaban al Duque mientras los dos caballos se alejaban y Marisa se conmovió. «Debo estar muy cansada», pensó y comprendió que era la verdad. No había dormido la noche anterior, ni había probado bocado desde la cena ligera que había tomado antes de bajar a la biblioteca con el manuscrito en la mano. Casi había ol

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