No había comida en el departamento, por lo que, él debía llevarla. Tomando sus tarjetas hizo algunas compras. Seguro Lía estaría hambrienta para cuando él llegara de su día de vagar. Miró la hora en su celular, las ocho de la noche. Cargó las bolsas y pidió un taxi. Tras darle la dirección el auto se puso en marcha. Subió por el ascensor con las compras y, abrió la puerta del departamento. Dio un paso atrás temiendo haberse equivocado, todo estaba impecable, olía a detergente y aromatizante de brisa marina, la televisión estaba encendida y la chica, dormía tranquilamente en el sofá mientras un plato estaba en el suelo. – ¡¿Qué diablos pasó?! –Soltó las bolsas haciendo que Magnolia despertara. – ¡¿Qué hiciste?! — ¡¿Eh?! –Bostezó cansada. –Hola. Lo siento, no pude dejar tu... ¿Cómo le dijis

