Cuando Troy abrió sus ojos, supo que algo andaba mal. Y no era por el hecho de que parecía estar en una habitación, o por el insistente dolor en su cuerpo, o su visita media borrosa. No, lo que tenía realmente preocupado al lobo omega, era esa cosa extraña en su interior, como un fuego lento que se iba extendiendo a sus extremidades con lentitud, acariciándolo de forma insistente que despertaba ciertas cosas en él. Soltando un pequeño y suave quejido miserable, intentó forzar su vista para poder distinguir dónde estaba. No le agradaba la idea de que Poul pudiera haberlo trasladado a su gran mansión para tener una mejor diversión con él y su cuerpo. Estremeciéndose suave, el omega soltó un pequeño gemido cuando una leve ola de necesidad recorrió su cuerpo, logrando que cruzara sus pier

