Cuando Troy abrió sus ojos, un suspiro de alivio escapó de entre sus labios al encontrar que su vista ya había vuelto a la normalidad. Estirando su cuerpo lobuno, el omega se sentó en sus patas traseras y entonces, su cabeza se inclinó ligeramente en confusión al encontrarse en un lugar que... No conocía para nada. Girando lentamente su cabeza, el lobo omega observó aquel aburrido blanco perla pintado en cada pared de la pequeña habitación, en la cual apenas había suficiente espacio para una cama, una pequeña mesita de noche, un armario y una mesa para dos en la esquina. A su izquierda se encontraba una pequeña ventana cerrada que mostraba un día nuevo o el mismo, no lo sabía desde que no era consciente realmente de cuando tiempo durmió entre los brazos de su alfa. Y a su derecha, había

