RAFAEL Tuve que alejarme. No había nada más que hacer. Todavía podía sentirla tocándome, oler su excitación, escuchar sus dulces gemidos mientras se corría en mi polla. Había estado dócil, luchando todo el tiempo para contener a la bestia dentro de mí cuando la tomé por primera vez. Normalmente, cuando tomaba a una mujer, era fuerte, rápido y por detrás. Cuando tenía ganas de saciar los impulsos de mis deseos más oscuros, los ataba de una forma u otra. Pero ninguno de ellos jamás puso sus manos encima de mí. Sólo sus bocas cuando me chuparon la polla. Irina me había tocado. Había tocado mis cicatrices. Fue íntimo. Más íntimo de lo que había planeado. Ella me había absorbido sin esfuerzo en su atracción gravitacional con sus ojos muy abiertos e inocentes y su labio tembloroso, razón por

