DYLAN Cuando entré a la casa de la manada, lo último que esperaba era que Sol me saltara encima como una torbellino. Apenas tuve tiempo de reaccionar antes de que sus brazos se colgaran de mi cuello y me apretara con fuerza. No pude evitar soltar una risa contenida al sentir la urgencia de su beso, y cuando por fin me separé de ella, la bajé al suelo con cuidado, aunque me costara un poco. Sol tenía ese cabello rizado perfecto que siempre lograba que se viera como una reina. Esta vez lo adornaba una pequeña diadema con brillantes que hacía juego con su sonrisa amplia y radiante. —¡Dylan! No sabes cuánto me alegra verte otra vez —me dijo, prácticamente cantando de felicidad. —Ha estado como loca desde que supo que vendrías —interrumpió una voz profunda que venía detrás de ella. Al gira

