Después de decir eso, Su Nan simplemente colgó el teléfono, acariciando cariñosamente la cabeza del pequeño tigre, "Buen chico, no te apresures ......" La tienda de marca miró el número y comprobó la dirección reservada del teléfono en el sistema interno, al instante aturdido, conmocionado, gritó: "¡la señorita Su!" Su Qi después de unos minutos salió de la ducha y no podía esperar para ver al pequeño tigre, pero en ese instante el timbre de la puerta sonó. "Hermano, ya llegó la bufanda que pedí y no olvides pagarlo por mí", dijo Su Nan acostada en el enorme y suave sofá en la sala de estar mientras jugaba con el pequeño tigre sin la intención de levarse a abrir la puerta. Su Qi no tuvo más remedio que dejar al descubierto sus abdominales y envolver con una toalla la parte inferior

