4. RECAIDA

1904 Palabras
Ya preparada para ir a dormir, Rania no espero que Ethan la llamara y tomo la iniciativa, necesitaba un último encuentro con él antes de dejarlo ir, necesitaba enfrentar sus demonios. • Hola – saludo ella al escuchar que respondió inmediatamente  • Hola. - Saludo él sorprendido – creo que estamos conectados – murmuró Ethan   • Debemos hablar. – espetó ella con aparente seguridad al otro lado de la línea - aún tenemos una conversación pendiente – continuo ella  • No sé de qué hablas – respondió Ethan sorprendido al escuchar a Rania decir lo que se supone debía decir él • Estoy segura que lo sabes. Quiero que aclaremos algunas cosas. • Claro ¿cuándo?   • ¿Está bien, mañana a las siete en aquel club? • ¿el club? ¿estas seguras? – inquirió Ethan algo preocupado por lo que sabía de ella, por el incidente que habían tenido y porque no quería que tuviera malos recuerdos de lo ocurrido entre ellos en ese lugar. • ¿te parece bien? – insistió ella presionando la respuesta  • Si. Claro. Si está bien para ti • Entonces hasta mañana • Está bien. Cuídate  La llamada termino, Ethan sintió el pecho oprimirse con la fría despedida, Rania respiro profundo al pensar que era parte de lo que debía enfrentar y por eso propuso ese lugar. La jornada laboral de Ethan fue intensa, entre audiencias y reuniones, olvido unos correos que debía enviar, reviso su reloj y faltaban quince minutos para las siete, tomo su teléfono para llamar a Rania e informarle que talvez tardaría en llegar. • Hola – respondió Rania al escuchar su celular en el bolsillo de su pantalón mientras bajaba del taxi frente al club • Hola, disculpa, aún estoy en la oficina, ¿crees que puedas llegar un poco más tarde? – pregunto él, logrando escuchar música al otro lado de la línea y se preocupó, ya ella había llegado al club • No te preocupes – la escucho responder  • Gracias, pregunta por Meretriz, ella sabrá donde puedes esperarme sin problemas y que estés tranquila o puedes decirle que te lleve a la habitación – ofreció él, haciendo una mueca con su boca arrepentido de la propuesta; ella suspiro recordando ese lugar  • Tranquilo, estaré bien – respondió ella pausadamente queriendo sentirse segura, pero él ya estaba preocupado al reconocer el esfuerzo que le estaba pidiendo  En la entrenada al club, un hombre con un cuerpo tonificado recibió a Rania – buscas chicas o chicos – lo escucho – un chico – murmuro ella y el hombre puso en su muñeca una pulsera de neón azul, el ambiente dentro del lugar era extraño, estaba diferente a la última vez; se sorprendió y extrañada se acercó a una de las meseras escasas de ropa - ¿meretriz? – pregunto Rania, la joven miro su pulsera y le dio una indicación de un lugar con una pequeña puerta - ¿es la habitación? – pregunto Rania y la joven simplemente asintió con la cabeza alejándose con su bandeja. Ethan estaba terminando los memoriales que debía enviar por correo y llamó a Meretriz quien debió entrar a la oficina de administración para responder por que la música no le permitía oír con claridad • Hola – saludo la mujer  • Meretriz, la chica de aquella noche va a buscarte para que por favor me espere en una de las mesas apartadas VIP • Estaré pendiente  • ¿Por qué hay tanto ruido? – pregunto él con incomodidad  • Hoy es el tercer viernes del mes  • ¡Mierda! – grito Ethan levantándose de su silla - Búscala y que me espere en la oficina, ya voy para allá ordenó Ethan caminando hacia el ascensor privado - Su nombre es Rania. Cuídala por favor El miedo se apodero de Ethan y subió deprisa a su auto. Desde que habían convertido el bar en aquel club de b**m, en homenaje a ese día, el tercer viernes de cada mes ocupaban un enorme salón para realizar orgias a ciegas; sólo se podían ver las pulseras neón en la oscuridad y los colores representaban las preferencias sexuales que debían respetarse; las azules, representaban a mujeres heterosexuales, las verdes representaban a los hombres heterosexuales; el color fucsia, era de las mujeres bisexuales, las amarillas se asignaron a los hombres homosexuales, las moradas representaban a las mujeres homosexuales y las blancas eran para los administrativos cuando no participaban; sólo entraban un limitado número de personas permitiéndole tener espacio para que tuvieran libertad para sus juegos; se daba ingreso a partir de las siete de la noche, a las ocho las luces se apagaban sin permitir el ingreso de nadie y se encendían de nuevo a las doce. Luka llegó a las siete cuarenta y cinco, pidió al encargado de la entrada su pulsera blanca porque esta vez no participaría y corrió en busca de Meretriz – dime que la encontraste – murmuró con su celular en la mano llamando a Rania, que por el sonido de la música no escuchó la llamada. Rania se había acercado con lentitud a la puerta que le había indicado la mesera y tenía duda de entrar; minutos después desesperada por el ambiente, respiro profundo e ingresó; Luka camino de prisa al salón al no encontrar a Rania en ninguna de las mesas, mientras ella recién estaba sorprendiéndose con las personas que pudo ver dentro del salón al que había ingresado y las luces se apagaron; el corazón de Rania empezó a latir con Fuerza, y antes de poder dar la vuelta a la puerta, alguien entro empujándola donde ella sólo podía ver el brillo de las pulseras de colores mezclarse; empezó a buscar un lugar donde se pudiera sentir segura mientras buscaba la puerta de salida, cuando un brazo la tomo por la cintura y la pegó a un cuerpo – quien demonios trae pantalón a este evento – susurró una masculina voz en su oído; Rania había llegado con un pantalón n***o ajustado, una blusa blanca básica y una chaqueta de cuero negra; como pudo, se liberó del incomodo agarre ahogada en llanto e intentó correr pero se estrelló con una pared, empezó a caminar en busca de la salida mientras su corazón estaba a punto de colapsar. En el oscuro salón, Luka y Meretriz levantaban sus pulseras para que vieran que no eran participantes - ¿Cómo la encontraremos? – interrogo Meretriz sin obtener respuesta de Luka, quien en las penumbras, logro ver una pulsera azul, sola, moverse con lentitud; intento caminar a ella y en un movimiento rápido, una pulsera verde se unió a la de ella, el corazón de Ethan se aceleró al ver en cuestión de segundos la pulsera azul descender al suelo; por la mente de Ethan pasaron muchas ideas haciendo que aumentara su paso para llegar a ella. Al sentir que su cuerpo fue acorralado por otro en la oscuridad, la mente de Rania estallo en recuerdos haciendo que fueran las únicas imágenes que podía ver; el corazón de Rania se aceleró aún más, el oxígeno empezó a entrar con dificultad y colapso; cayó al piso inconsciente haciendo que el hombre a su lado simplemente se alejara – Rania – entre el ruido de la música y algunos gemidos, escucho lejana la voz de Luka quien en la oscuridad pudo tomarla en brazos y con el cuerpo de Rania pegado a la pared, cubriéndola con el suyo de las otras personas, busco la salida.  Con Rania en brazos salió del club, la llevo hasta la clínica en su auto para que fuera atendida. En una de las camillas un enfermero se acercó, pero Ethan lo alejo – lo siento, necesito que la atienda una mujer – ordeno Ethan, aquel hombre se alejó y trajo con él una joven, llamó a la especialista que tenía autorización para acceder al historial médico – no creo que tenga que ver con la cirugía – escucho Ethan y la miró con asombro, sin pronunciar palabra ingresaron a Rania a la unidad de atención de cuidados intermedios mientras Ethan esperaba fuera. Aunque físicamente no presentaba gravedad, Rania estaba en pánico; reaccionó alterada por la recaída mental que había sufrido y fue necesario sedarla; minutos más tarde, la mujer que había sido su sumisa temporal llegó corriendo al consultorio pero Ethan la detuvo - ¿Qué vas a hacer? – inquirió Ethan y ella lo miro con extrañeza – soy Psiquiatra y fui llamada por una emergencia – respondió ella pausadamente y él negó - ¿es tu novia? – pregunto la mujer haciendo que Ethan tragara en seco – no te preocupes, soy profesional – explico ella y entro a atender a Rania. Las especialistas salieron minutos después, Ethan se acercó preocupado – ahora está dormida, tuvo una crisis nerviosa, es mejor que expliques lo que pudo haber causado esa crisis – Ethan inclino la cabeza ante la mujer y ella lo invito a sentarse junto a ella – fue en el club – cometo la mujer señalando con su mirada la pulsera y él abrió los ojos como platos – conozco el caso de la joven ¿cómo se te ocurrió llevar a ese club precisamente hoy? – regaño la psiquiatra - a una mujer con el trastorno de ella – reprendió la mujer entre dientes, él mantenía la cabeza inclinada – ella me citó allí, necesitábamos hablar y ella quiso que fuera allí – explico él pausadamente – justo el día de salón libre – reprendió de nuevo ella reconociendo el evento que realizaba – yo no recordaba que era hoy, estaba muy ocupado en el trabajo y lo olvide – respondió Ethan con frustración; se sentía responsable de las crisis que había vivido la joven – Ethan, tu y yo somos iguales – él negó con la cabeza mirando a la mujer a los ojos – nosotros no podemos cambiar Ethan, es nuestra naturaleza – continuo ella, Ethan suspiró frustrado – yo perdí mis hijos, mi esposo antes de cambiar – confeso ella - esa chicha está rota Ethan, tú la romperás aún más si continuas con ella – Ethan inclino la cabeza con la opresión en el pecho asimilando las palabras de esa mujer – aléjate de ella – aconsejo con seguridad – solo somos amigos – quiso explicar Ethan y ella sonrió de lado – tu y yo sabemos, que tu amistad, debe usar un collar de cuero y ser atada en la cama – respondió ella y el trago grueso – no te preocupes, no soy su psiquiatra, solo hoy por la emergencia estuve aquí – sonrió burlona ella y se alejó. Mientras Rania dormía, Ethan recordaba la primera vez que vio el temor en los ojos de la joven, se sentía responsable de ese dolor que había revivido nuevamente cuando la había visto tranquila; las palabras de esa mujer tenían mucho sentido para Ethan. Cuando Rania despertó, se tranquilizó al ver a Ethan sentado junto a la camilla, por unos segundos lo miro en silencio sintiendo la tranquilidad que su presencia le regalaba – Lorine – la temerosa voz de ella rompió el silencio haciendo que Ethan se levantara deprisa al verla incorporarse preocupada por su hija – espera, voy a llamar a la especialista para que te permita salir – Rania asintió y lo siguió con la mirada mientras salía del consultorio.
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