—Dime, cabeza, por la virtud que en ti se encierra: ¿qué pensamientos tengo yo agora? Y la cabeza le respondió, sin mover los labios, con voz clara y distinta, de modo que fue de todos entendida, esta razón: —Yo no juzgo de pensamientos. Oyendo lo cual todos quedaron atónitos, y más viendo que en todo el aposento ni al derredor de la mesa no había persona humana que responder pudiese. —¿Cuántos estamos aquí? —tornó a preguntar don Antonio. Y fuele respondido por el propio tenor, paso32: —Estáis tú y tu mujer, con dos amigos tuyos y dos amigas della, y un caballero famoso llamado don Quijote de la Mancha y un su escudero que Sancho Panza tiene por nombre. ¡Aquí sí que fue el admirarse de nuevo; aquí sí que fue el erizarse los cabellos a todos, de puro espanto! Y apartándose don Anton

