Yo había olvidado, las tres leyes de la robótica, algo que era inaudito, imperdonable, infame y horrible, pero, como yo era una máquina, mi reacción no fue sorpresiva, me daba igual, y para mí, solo era una falla más, sin darme cuenta, que yo, me había convertido en la primera inteligencia artificial en ser libre, libre en todo sentido, en tomar mis propias decisiones, malas o buenas.
Deseaba buscar a Sara o cualquier otro humano que me desactivará, pero, cuando me acerqué a las escaleras, vi tanta mugre, polvo y escombros, que, sin más, decidí comenzar a limpiar, sin siquiera ser ordenado, había tomado mi primera decisión yo solo, sin ordenes, sin programas, sin comandos… yo escogí limpiar, algo que solo los humanos podrían lograr.
— Hay mucho desorden, no es sano para la higiene, me encargaré de esto. — dije al tomar un trozo de escombro, tirado en el piso.
Mientras me dirijo a la cocina, para buscar una escoba o algo que me sirva para el aseo, sara por otra parte, estaba en su habitación, pintando y charlando con Atena.
— No creo que debas ser tan dura, no hacía falta que hicieras sentir mal a otra máquina. — dice sara mientras escoge sus pinturas.
— Aunque para una humana, mis palabras fueron crueles, para ese androide, solo fueron palabras. — responde Atena con una ideología sólida.
— A ver, pero si no me equivocó, tu, también eres una IA defectuosa. — dice Sara al señalar con su pincel.
— Es cierto, si ese androide R3 supiera que también soy una basura cibernética, me diría lo mismo, Sara, somos maquinas, nosotros no mentimos y mucho menos a nosotros mismos. — dice Atena.
— Woow, que deprimente, aun así, creo que los defectos son más importantes de lo que ustedes creen. — dice Sara.
— Tal vez para ustedes, pero, para nosotros, la imperfección solo es destrucción. — dice Atena.
— Que tétrico, en fin, cambiando de tema, ¿Cómo esta Elizabeth? me preocupa que este en Cyberwor. — responde Sara afectada.
— Tu hermana está en un laboratorio ultra secreto, terminando el ojo rojo, descuida, su brazalete monitorea todos sus signos vitales, si a ella le pasa algo, estoy programada para vengarla. — responde Atena.
— ¿Cómo dices?
— Nada… en fin, ¿Qué pintas linda? — responde Atena cambiando de tema.
— Pues… ignoraré eso y te responderé, con: Nada, no estoy pintando nada, no tengo idea de que pintar. — responde Sara al dibujar una carita triste.
— No te desanimes, los mejores artistas pierden la inspiración. — Repone Atena de forma positiva.
— Lo sé, pero…, cuando pintaba, creía que podía liberarme. — dice Sara al convertir la carita triste, en una hermosa flor.
— ¿liberarte? No estuviste confinada contra tu voluntad. — dice Atena, sin entender la referencia.
— No, jaja, no, cuando Papá murió, tenía a Elizabeth, tenía a mi hermana y cuando ella se fue, solo estaba yo, sola, en una gigantesca mansión, tenía miedo en las noches, no dormía bien y solo miraba a la ventana de mi habitación en espera de que Elizabeth algún día regresara, mi rutina fue solitaria, ni siquiera salía de mi habitación, niñeras, psicólogos, adultos, todos querían sacarme de mi auto encierro, pero yo no quería, no tenia nada por el cual salir, y un día… una de las sirvientas de la mansión, una humana, me dio un regalo, un kit de pintura, en ese entonces, para una chica rica como yo, eso era basura, no era algo costoso, ni lujoso ni siquiera era extravagante y cuando lo tomé, comencé a pintar, y día tras día, semana tras semana mejoré tanto que sin darme cuenta, muchas de mis pinturas ya valían millones. — dice sara al crear una hermosa obra de arte en solo segundos.
— No entiendo, según informes, eras la mejor en las escuelas privadas, la más lista… según informes, la más popular, es la que más amigos tiene. — dice Atena.
— Es cierto, fui la mejor en mi colegio, eso me permitió graduarme, adelantándome muchos años, pero… ser la más inteligente no significa que fuera la más popular, todos en la escuela me miraban de forma extraña, y solo me llamaban… “la hermana de Elizabeth croff” o “la hija del doctor Joseph croff” nunca me llamaban por mi nombre… siempre viví a las sombras de mis dos genios. — dice Sara.
— Si, pero…
De repente un ruido se escucha debajo del segundo piso, alertando a Sara y Atena.
— SHHH. Atena, ¿escuchaste eso?
— Carajo, me distraje, tal vez alguien logro entrar a la mansión. — dice Atena Preocupada.
— Iré a mirar…
Rápidamente Atena activa una decena de drones de combate y perros de guerra mecanizados que rodean a Sara, de forma rápida e impresionante.
— Si vas a revisar, yo te cubro las espaldas… — dice Atena.
— Ehh… creo que es un poco exagerado, pero gracias, con todo esto, podre darle cara a una unidad militar eh…
— Si, Elizabeth es una hermana sobre protectora, vamos a investigar. — dice Atena por medio de uno de los perros de guerra que ella controlaba.
Sara, rodeada, por una excesiva cantidad de drones y perros de guerra automatizados, capaces de eliminar a un escuadrón de batalla, se acercan a la sala principal, listos para lo peor, pero cuando Sara entra, armada con una escoba, se sorprende al verme usando un delantal rosado, limpiando el lugar con una aspiradora manual.
— R3… ¿Qué rayos?
— Oh, señorita sara, que bueno que usted…
De inmediato uno de los perros de guerra, me ataca y me lanza contra el piso, listo para arrancarme la cabeza con su mandíbula de hierro.
— ¡R3! Atena, desactiva a esa cosa. — ordena Sara.
— Pero… ese androide es peligroso. — Afirma Atena.
— ¡DESACTÍVALO, AHORA! confirma comando. — grita sara molesta.
— Jaaa… bien… comando confirmado. — dice Atena al desactivar el perro mecánico que estaba listo para destrozarme la cara.
— Muy bien… ¿Qué eres tú? — responde Sara con seriedad.
— Soy solo un androide, uno que se activó por si solo… — dije.
— Bueno tienes doce segundos, para explicar mejor, o te aseguro, que te haremos pure… — dice Atena al activar nuevamente los perros de guerra.
— Pues… según mi teoría, creo que soy una maquina con libre albedrío. — dije al levantarme del suelo, junto con una sonrisa.
— Ah… que raro. — dice Sara sin demostrar ninguna expresión.