El cazador llevaba puesto en ese momento un guante que tenía garras de plata, se estaban preparando para volver a atacar a la manada Vanagandr, pero ahora estas garras lo único que hacían era enterrarse en el delgado brazo de Aysel. La sangre no tardo en salir y junto con ella un aroma que los cazadores conocían muy bien, su gente tenía algo mejor que un aprueba de embarazo, un olfato único que les servía para saber si sus mujeres estaban embarazadas y así sacarlas del frente de batalla hasta que el bebé nazca, pero ahora lo único que provocaba ese aroma, era el saber que Aysel le había mentido, ella se había entregado a Anuk, no era pura, Kasumi ya no la podría reclamar, y con la furia corriendo por su cuerpo, el cazador golpeo el rostro de la joven, dañando con las garras sus hermosos oj

