Él solo dio la vuelta y siguió caminando como si no hubiera dicho nada, esto es frustrante, me levanté y lo seguí, cuando llegamos a la que supongo es su casa, no lo podía creer, era enorme, totalmente de madera, es una cabaña gigantesca, pero aun así se ve demasiada solitaria, como si estuviera vacía, una cabaña eso era, no era un hogar, por eso se sentía tan fría y extraña.
— La última habitación de la derecha, báñate hueles horrible a vampiro, bruja y ninfa.
— Es mi sangre la que huele así idiota. — En menos de un parpadeo lo tenía en frente mío.
— Deja de provocarme o lo lamentaras, no creo que te guste ser azotada enfrente de todos por desafiar al Alpha. — Un escalofrío recorrió mi espalda, estoy segura de que eso era lo que quería hacer.
— No tengo ropa.
— Sí, si la tienes, la bruja Minerva la trasladó a la habitación, es lo único que se le permitió hacer, si vuelve a usar su magia en mis tierras le arrancare la cabeza. – dijo mientras sonreía.
— Jamás podrías. — dije llena de orgullo.
— Y ¿Qué piensas que me detendría?
— Somos una manada, jamás dejaríamos que tocaran a Minerva. — Le hablé en su idioma, para los lobos somos nuestra propia manada, y mi abuela es nuestra Luna.
— Tú, perteneces a esta manada desde ahora, no lo olvides. – sus ojos cambiaron a un color ámbar mientras hablo, estoy segura de que son los ojos de su lobo.
Doy por terminada esta estúpida conversación y voy a la habitación que me dijo.
Definitivamente me lastimó la espalda, si Minerva estuviera aquí me haría algún ungüento para que sane, una vez que termino mi baño entro al vestidor y maldigo nuevamente.
“Esto no puede ser ¡¿acaso compartiré habitación con ese idiota?!”
En la mitad esta mi ropa, y en frente la de él.
Me colocó un vestido largo, blanco, toda mi ropa lo es. Me miró al espejo y Sonrió al recordar el motivo.
“Kasumi, mira todo lo que hice para que me mirarás, necesito tanto tus abrazos, te extraño demasiado, mi Kasumi”
— ¿Quién mierda es Kasimi? — La voz a mi espalda suena fría, Diosa ¿este hombre vive enojado?
— ¡Kasumi! ¡Es Kasumi! — Lo corrijo de inmediato.
— Y me importa una mierda como se pronuncia ¡¿quién es?!
— Mi mejor amigo. — Digo levantando los hombros, restándole importancia.
— Si claro, tu mejor amigo y por eso te vistes siempre de blanco, todo porque una vez te dijo que era su color favorito.
— ¡Deja de meterte en mi cabeza! — Este hombre se volvió loco, entró en el vestidor y comenzó a tirar toda mi ropa.
— ¡¿Qué haces?!— por la Diosa está rompiendo toda mi ropa.
— ¡Todo es blanco! ¡Maldita puta!
“¡Como se atreve a llamarme de ese modo, cuando ni siquiera sé lo que es besar!”
Estaba tan furiosa que quería matar a este Lobo.
Y así como es de volátil el temperamento de estos seres, el hombre que en un segundo estaba tirando y rompiendo mi ropa, en el siguiente lo tenía encima de mí sujetando mi cintura con una mano y con la otra mi rostro.
— ¿Así que nunca te han besado? — El brillo en sus ojos me asustó, no lo voy a negar, nada me preparo para lo que pasaría, o solo era yo que me rehusaba a besar otros labios que no fueran los de Kasumi.
Anuk me besaba, con un claro conflicto, sentía como una parte de él, una muy pequeña quería hacerlo, y el resto de él odiaba lo que estaba haciendo, trataba de abrirse paso en mi boca, mientras yo me resistía.
“Kasumi, si solo fueras tú.”
Algo me empujó, haciéndome volar y cayendo sobre la cama, mientras un lobo de pelaje gris, con manchas blancas y negras aparecía frente a mí, a los pies de la cama. Sus ojos rojos me dejaban ver lo furioso que estaba.
“¡Cómo te atreves a pensar en otro hombre! ¡Tú ERES MIA!”
El gritaba dentro de mi mente, mientras el gruñido del animal retumbó en la habitación, de tal manera que mis oídos dolían.
No quería, pero fue así, mis ojos se llenaron de lágrimas, y estas comenzaron a caer, ¿acaso me mataría?
— ¿Qué quieres que haga? ¡No te conozco! solo sé que me odias, rechazas y no entiendo ¡¿por qué?! Desde que te vi, me has golpeado y humillado ¡¿qué pretendes?!
A pesar de la situación no le tenía miedo al enorme lobo que ahora me miraba enojado, sabía que podía matarme de un solo movimiento, pero aun así no aparte mi vista de sus ojos, que cambiaban de color de rojo a marrón y luego a ámbar.
“Pediré que te traigan ropa, a partir de hoy no usarás nada blanco. Ahora sal de aquí.”
No espere a que me lo repitiese, y salí de esa habitación.
Kasumi
El hombre de piel amarillenta, cabello n***o, sumamente alto y de descendencia asiática se debatía entre lo que quería hacer y lo que debía. Desde su nacimiento Kasumi, fue elegido y entrenado para ocupar un lugar entre los Venatores lunae, o cazadores de la luna, un grupo selecto de humanos que tienen sus orígenes hace más de dos mil años.
Si bien en un principio los hijos de la luna, como se conocían a todos los seres sobrenaturales en aquel entonces, vivían en armonía con los humanos, todo cambio el día que a los hombres lobos se les designo una pareja eterna, un mate lo llamaron, pero la Diosa luna y la ninfa que realizo el encantamiento no tuvieron en cuenta que muchos de ellos ya tenían parejas, en su mayoría humanas y al encontrar a sus mates, simplemente las abandonaban, fue entonces que dolidos por su abandono dejaron caer una maldición sobre la que ellos suponían era la única responsable de su dolor, aquella primer bruja, la supremas de todas, Yunuen, la que desprecio al lobo enamorado y ocasiono que el lobo dolido pidiera enamorarse de alguien más, a como diera lugar, fue por esa razón que realizaron aquel ritual, para condenar el amor de Yunuen y Travos, pero provocaron algo más, los vampiros y brujos que eran libres de elegir pareja, se vieron malditos o bendecidos de igual manera, dependiendo del lado que se lo vea, a los brujos también se les designo una pareja eterna, media alma la nombraron, una persona que al encontrarla los completaba, los vampiros por otro lado la nombraron Noloshayda, que significa mi vida, algo que estos seres casi no poseían. Vida.
El humano sin comprender el gran poder de aquel ritual solo se condenó a más dolor, los que eran solo un puñado de personas rechazadas por los hombres lobos se convirtieron en cientos y luego en miles, al verse afectados los vampiros y brujos también, y como todo ser al que se le rompe el corazón, estos buscaban venganza, disfrazada de justicia, fue así que surgieron los Venatores lunae, hombres y mujeres a los que se los entrenaba para enamorar y segar de esta forma a los seres sobre naturales, para que cuando bajaran la guardia pudieran matarlos, arrancar sus corazones y de esta forma evitar que más humanos cayeran bajo sus encantos. Pero Kasumi se encontraba en un dilema, el realmente estaba enamorado de Aysel, lo que había comenzado como una misión se convirtió en algo más.
— Debe de a ver algo que pueda hacer para salvarla. — dijo una vez más con la desesperación creciendo en su corazón.
— No, ya te lo hemos dicho, ella esta maldita, por más que parezca una humana ordinaria no lo es, un poder muy grande radica en su interior, entiende hijo. –su madre hablo con suplicas en sus palabras.
— No, son ustedes los que no entienden, ella es tan buena y delicada, su única maldición es tener la familia que le toco.
— Realmente la amas Kasumi, ¿aun viendo lo que es? — pregunto incrédula su madre.
— Yo veo su alma, no lo olvides, ese es mi poder, no me importa como se ve por fuera, su físico o sus defectos, ella tiene el alma más blanca y brillante que jamás allá visto. – enfrento con hechos los dichos de sus mayores y es que era así, Kasumi veía a Aysel como todos los humanos a su alrededor, fea, pero él tenía el poder de ver el alma y la de la joven era la más hermosa que jamás había visto.
— Seguiré buscando información, pero entre nuestra gente se dice que solo un cazador en todos estos años se enamoró de su presa, una vampiro, una de las antiguas. – su padre llamo la atención con lo que decía.
— Y ¿Qué sucedió? ¿Pudo salvarla? – pregunto con toda esperanza de que así fuera.
— No, un hijo de la luna nunca podrá dejar de serlo y él lo sabía, tomo la decisión correcta. — dijo dejando ver que el cazador había matado a la mujer que amaba, esa vampiro llamada Levana, claro que su padre no le conto que el joven cazador luego de cumplir con su misión se había quitado la vida, omitió esa parte de la historia, solo por temor a que su hijo reviviera aquella leyenda, el cazador enamorado de la vampiro.
El joven salió más molesto de lo que había llegado a la vivienda en la aldea, una vez que Aysel se fue a su viaje, el decidió volver a su hogar lejos de la ciudad con el solo propósito de buscar información válida para presentar al consejo de cazadores y así poder salvar a la joven, esa niña que pronto la vio convertida en mujer y de la que se había enamorado con locura, esa misma a la que él debía matar.
Su teléfono móvil vibro en el bolsillo de su chaqueta, y al revisarlo lo único que vio fue una ubicación, Aysel le había enviado su ubicación y eso solo quería decir una cosa, la joven estaba en peligro.
Sin impórtale nada más que su amiga y amor platónico, salió de aquella aldea con la única determinación de ir por ella y dejarla en algún lugar a salvo, no permitiría que ningún lobo la reclamara como propia, y no le importaría enfrentar a la familia de Aysel, si su único temor era que ella fuera mortal él no veía problema alguno en ello, después de todo el humano nace, crece y muere, así debía ser, y él se aseguraría que Aysel compartiera esa vida mortal con él y nadie más.