Sus manos recorrieron su espalda mientras que ella acomoda sus dedos en su nuca para tenerlo más cerca, toman un poco de distancia y se miran — No dejaré que nadie te ponga un dedo encima — asegura. Ella le acaricia su rostro con sus manos — No hablemos — le pide. Sonríe, le da un beso corto en los labios y la pega más a la pared. Se queja del dolor, sabía que en ese camarín no iba a suceder nada porque esa mujer era mucho más que un simple sexo en aquel asqueroso bar. Se detiene alejándose — Acá no va a pasar, vamos a mí casa — le ordena. Le toca su pecho para calmarlo, no quería discutir menos ahora que todo estaba bien entre ellos — Me tengo que ir con Isa, mañana si querés — sonríe. Abre sus ojos de la sorpresa que era escucharla decirle eso — ¿ Lo prometes? — pregunta contento.

