Mi nombre es Nora. Llevo 6 años siendo la secretaria de la mujer más guapa y sexy que he visto en mi vida.
Mi jefa Mía Salle es una mujer madura de 40 años pero está muy bien cuidada. Es de cabello n***o largo y rizado, su cara es delgada con unos labios gruesos que siempre están pintados de rojos, su blusa blanca de botones siempre parece que está apunto de romperse por sus enormes tetas. Podía ver cómo el encaje del sostén sobresale de la blusa.
Su falda tubo de cuero n***o tan corto que si se inclina un poco se le puede ver el color ya que no usa braga. Desvíe la mirada de mi jefa que estaba justo enfrente de mi regañando a una compañera por tirar unos papeles y revolverlos, tenía problemas más serios como por ejemplo deshacer el nido que tengo en mi vientre de la excitación. Mía se giro y sus ojos azules quedaron en mi rostro. Su cara estaba sería, no tenia esa sonrisa algo coqueta que siempre tiene al verme.
Debo de ser sincera. Hemos tenido roces muy calientes desde la posada de navidad del año pasado. Estamos muy borrachas, le hice el favor de llevarla hasta su casa pero en el carro pasaron unas cuantas cositas.
- Nora. A mi oficina ahora.
Después de eso nuestra amistad, si es que se le puede decir así, se destruyó, ella dejó de invitarme a cenar a su casa, ya no me pedía que la alcance a algún lugar, marco muy bien la linea de solo laboral. Me levanté de mi escritorio y camine atrás de ella viendo cómo su perfecto trasero se movía a la perfección.
Desde esa noche yo no he podido pensar en otra cosa que no es ella. Siempre me han gustado las mujeres, lo supe desde que estaba en la primaria y me bese a una compañera y después en la prepa me metí con una profesora. Siempre me han gustado las mujeres, sus enormes curvas, lo suaves que son y lo hermosas y redondas que son sus tetas y traseros.
Cerré la puerta de la oficina a mis espaldas. Mia se sentó en el escritorio y cuando cruzó su pierna derecha sobre la izquierda pude ver ligeramente su coño humedo. Regrese la vista a sus ojos y ella tampoco perdió el tiempo de verme de pies a cabeza. Llevaba la misma ropa de siempre, una camisa blanca de botones y una falda roja de cuero. Tenia el cabello atado en una coleta alta y mis lentes bien acomodados sobre mi nariz.
- Hoy en la noche va a ver una cena en la oficina por el cumpleaños de la jefa de recursos humanos. Necesito que compres refrescos y botanas -Apunte todo lo que me dijo en la libreta y asentí, quise darme la vuelta para irme pero su voz me retuvo - Hoy voy a tomar mucho. Necesitaré que me lleves a mi casa
La mire de reojo, tenía esa chispa coqueta en los ojos, podía reconocer esa chispa porque la veía siempre en el espejo en mis ojos cuando me toco.
Asentí sin decir nada más.
Llego la noche, la reunión estaba algo animada, con mucho alcohol, Mia no paraba de tomar vaso tras vaso y cada vez que se levantaba para ir al baño veía como se iba de un lado a otro hasta que vi como ya no podía ni con su propia existencia la acompañe al baño.
- ¿Y si me caigo en el inodoro y me traga? -Susurro mientras la dejaba en el cubículo del baño, quería darle su espacio, ya me había gritado en una ocasión cuando quise que las cosas volvieran a suceder.
- Todo estará bien jefa, haga sus necesidades y la llevo a su casa.
- No quiero irme todavía a mi casa - Su voz cambio y la mire, sus ojos fijos en los míos, ella sentada sobre la tapa del inodoro y sus manos temblorosas abriendo los botones de su blusa, poco a poco se iba descubriendo más los senos dejándome ver su sostén de encaje rojo, abrió las piernas dejándome ver su coño afeitado y húmedo gotear hasta la tapa.
- Mia, después se arrepiente.
- De lo que me arrepiento es no dejar que pase de nuevo durante 7 meses. - Se paso dos dedos sobre su lengua para después llevárselos hasta su coño y empezar a frotarlos. Me mordí la mejilla internamente con los ojos fijos en sus manos y como se apretaba un senl mientras con la otra se masturbaba el c******s.
Su espalda se arqueo y abrió la boca dejando salir un suave gemido, uno de tantos que la escuché soltar en mi carro en el asiento de atrás mientras mis dedos de hundian en ella. Escuché unos pasos acercarse al baño así que corrí hacia el cubículo donde ella estaba y cerré la puerta.
Mia no me quitaba los ojos de encima mientras de terminó de quitar la blusa y la tiro en el suelo. Sentía mis pezones duros contra mi sostén y al no tener relleno se marcaban en la tela y eso no paso por algo para ella.
Quería contenerme, darle su espacio pero el deseo que sentía era más fuerte que cualquier otra cosa. Me quite los tacones wueda del descalza y me acerque a ella, le quite el sostén de un jalón y me puse de rodillas metiendo uno de sus tetas a la boca, su pezón estaba duro con cada roce que tenía con mi lengua, la jale de la cintura y sentir como su mano rozaba mi pezón mientras ella se seguía frotando era una delicia.
Le quite la mano de su coño y con mi mano derecha sujete mi senl y con mi pezón empece a restregarlo en su coño frotando su c******s contra mi teta. Mia soltó un gemido tirando la cabeza hacia atrás, tenía mis trucos para hacer que una mujer disfrute hasta el simple roce de un pezón.
Aleje mi boca de su seno cuando su cuerpo empezó a temblar, solté mi seno y me incline aún más, le abrí más las piernas subiendo su pierna derecha sobre mi hombro y pase mi lengua sobre su c******s, su cuerpo de tenso, sus manos se sujetaron de mi cabello y su cuerpo empezó a temblar descontroladamente cuando mi lengua empezó a moverse con rapidez en su carne.
- Vamos a mi casa... -susurro.
Y como era de esperarse no me negué.