Adam esperaba en la sala, observaba el boleto detenidamente en sus manos, levantó la vista y observó a su abuelo caminar hasta él. Adam frunció el ceño y se levantó para ayudar a su abuelo, apenas y podía caminar con el bastón. “¿Qué haces aquí abuelo? Regresa a la casa”. El abuelo negó. “Y perderme tu declaración y ver a mi nieta, estás loco”. Adam no dijo más, lo ayudó a sentarse en la silla y se quedó en silencio. El abuelo palmeó su hombro. “Intentaremos hablar con ella, iremos a la televisora, si es posible a esa gran casa, pero hablaremos con ella”. Adam asintió, juntos esperaron el vuelo… Llegaron a la capital, ya los esperaban, el encargado de una de las sedes de la compañía. “Buenas tardes señores Fonseca”. El abuelo se acercó mirando al joven. “¿Eres Ronald?”. El chico a

