Quisiera correr, pero esta vez le he dado toda la autoridad de mi cuerpo a este extraño ser que no se deja ver. Me habla cuando le place y espera que sea yo quien la encuentre, creo que es mujer, pero tiene voz de hombre; definitivamente va más allá de mi comprensión.
Da igual, esta cosa ha decidido no retirarse, mi consciencia tiene miedo del peligro mortal que está frente a mí, pero mi cuerpo no siente ningún tipo de emoción; está tranquilo, concentrado. Sabe que no puede fallar.
Inier ha estirado sus brazos, y sus manos ahora son una especie de lanza puntiaguda. El color blanco de su piel y las marcas negras de sus venas, hacen que se vean como lanzas de la muerte. Sus cicatrices también se han oscurecido, quién sabrá cuántas cirugías tiene encima y a saber por qué, con qué propósito.
Con una escalofriante risa, extiende sus brazos apuntándome. Se mueve rápido y pretende atravesarme con sus filosos brazos. Sin embargo, puedo bloquear ataque tras ataque con la lanza de Siri y en cada vez doy un par de pasos para estar más cerca. Estando ya a dos metros de Inier, de su cuello emergieron dos tentáculos con la misma forma de sus brazos.
Podría apostar a que son tentáculos infinitos los que puede sacar de su cuerpo. Un aura oscura emerge y se extiende cada vez que hace aparecer uno nuevo para atacar. En esta situación, no debería estar tan cerca.
De un salto quedo suspendida en el aire, libre de sus ataques y lista para hacer cualquier jugada a mi favor. En un instante, antes de caer, invoco una primera columna de fuego que levanta a Inier del suelo y al removerla, antes de que caiga, una nueva columna es invocada desde un lateral; golpea a mi enemigo y lo presiona entre el fuego y la pared.
Su piel se ha quemado, hay fuertes daños por quemaduras, por lo que se toma un tiempo para respirar, luego de caer. Mientras está allí, en el piso, me acerco por su espalda y atravieso su cuerpo con la lanza. De atrás hacia adelante, desprendo su corazón y ahora está expuesto frente a él.
Sobra decir que comparte la misma sangre que sus quimeras, y esta corre en abundancia. Un grito de dolor me deja saber lo acertado del golpe. Ya pronto debe terminar todo.
- ¡Oh, niña! Mira todo este poder… Si tan solo quisieras ver el panorama completo.
Cuando pensé que estaba muriendo, recogió sus brazos y todos sus tentáculos para, con sus manos, partir la lanza y dejar caer su corazón al suelo. Rápidamente su herida se cerró y de su espalda, otro tentáculo atacó rápidamente haciéndome una cicatriz en la cara. Luego de eso, retrocedí varios metros de un salto y él solo guardo sus ataques para reponerse.
¿Cómo es que sigue con vida?
- Sé lo que te preguntas, niña. Ninguna criatura puede mantener su existencia si le desprendes el corazón ¿Cierto? ¿Pero por qué debemos tener solo uno?
¿Solo uno? Ahora entiendo, sus heridas… Ha modificado todo lo que es y por eso se refiere a sí mismo como una quimera. Es un auténtico monstruo.
- Has acabado con dos de mis bebés, debo eliminarte para traerlos de nuevo a la vida. Yo he muerto, siete veces, pero heme aquí. ¡Oh, perdón! Me acabas de asesinar, en serio morí… Serían ocho, niña. Pero tú puedes morir solo una vez, y ese momento es ahora.
Terminando de pronunciar su línea, he transmutado de nuevo la lanza para completarla. De nuevo surge el fuego de color esmeralda y está lista para pelear. Invoco un círculo de fuego del mismo color a mi alrededor y con maniobras de lanza, hago aparecer nueve bolas de fuego.
Con un giro extra de la lanza, estas se transforman en pequeñas dagas y sincronizadamente atraviesan el cuerpo de Inier. No lo puedo matar con eso, pero si está vivo, no se podrá mover de la misma manera con nueve dagas.
- Eres una pequeña bastante molesta. Ya ver…
Sin dejarlo hablar, arrojé la lanza con la precisión de un halcón, directo a sus partes de hombre y aunque fue grotesco, me encantó ver que sufriera cuando está lo atravesó y salió por su parte trasera. Esta llamita sí que es bizarra.
En efecto, su grito desgarrador se oyó hasta en la planta más alta de la torre, y me atrevería a decir que incluso en Jerah se enteraron que Inier está malherido.
En ese momento, entendí que de nada sirve la inmortalidad si estás condenado a sufrir, si tu pasado fue un cuadro frustrado y tu futuro está lleno de consecuencias. No creo que se vaya a rendir, así que debe haber una manera de quitarle todas sus vidas, sin importar cuántas tenga.
Mientras grita, me acerco y en el reflejo de su sangre veo el reflejo de la mirada de una Anath que a pesar del fuego que lleva por dentro, se ve tan fría como los glaciares de las costas heladas. Sin demora, invoco una corriente de fuego más delgada que entra por la boca de esta pobre quimera y comienza a destruir su cuerpo desde adentro.
Lentamente, comienza a retorcerse mientras se consume un órgano a la vez; de abajo hacia arriba, este fuego destruye todo a su paso. Dejo al fuego hacer su parte, retiro la lanza de su cuerpo y sale más sangre de él.
- Anny… Ann…
Esa, es la voz de Dorian. Espera, ya casi termina…
De una estocada atravieso la garganta de quien se incinera por dentro, retiro y luego directo en su sien. De lado a lado, la lanza ahora decora su cabeza, o lo que queda de ella. En instantes, su cuerpo comenzó a manifestar por fuera, el fuego que le destruía desde adentro y cuando solo quedaban cenizas, sus quimeras también se incineraron.
Cuando pensé que había terminado, me di cuenta que de los pisos superiores estaban observando el final de la batalla, y ahora, molestos, con deseos de venganza, estaban dispuestos a saltar para enfrentarme. Pero no podía dejar que eso pasara, así que sin esperar, envíe otra columna de fuego desde donde vinimos. Esta vez, el poder de la magia fue suficiente para atravesar la barrera y piso tras piso, con flamas expansivas destruí toda especie viva que estuviera en la torre.
Nadie bajó, nadie más apareció en los túneles; nadie gritó, todo simplemente se consumió.
A pesar de desprender tanto poder, no me siento agotada y la herida de la cara ha cicatrizado. Bastante extraño considerando el daño que tenía, pero recuerdo que es la llamita restaurándome de adentro hacia afuera y que estos rasguños no son nada para ella.
Allí parada en el centro de la sala, rodeada por mis amigos, desmayados y gravemente heridos, clavé la lanza en el suelo y una onda mágica cubrió todo el lugar. Una especie de barrera para no ser vistos, ni percibidos por ningún hechicero en Jerah. Esta magia es lo que necesitamos para comunicarnos con el exterior.
Estando allí, contemplando lo que mi cuerpo hacía sin mi consentimiento, noté que uní mis manos cubriendo un puño con la palma de la otra mano y se formó un círculo de runas sobre mí; runas de color verde y por supuesto, flameando como todos los conjuros que he hecho en este estado. Del círculo se desprendieron cuatro corrientes de aire; una para cada uno de nosotros, y al conectarnos, todos comenzamos a recibir una energía restauradora.
Mi cuerpo ya está curado, pero al parecer es un anclaje de mis sentimientos lo que invoca la energía para restaurar a mis amigos. Según lo que siento por ellos, hay una energía particular de restauración.
A Valto, le respeto por mantenerse fiel al legado del Maestro. A Siri la adoro, es mi mejor amiga desde siempre y ahora más que nunca, me necesita. Y a Dorian… yo…
- Anny ¿Eres tú?
¡Dorian! Oh… no puede escuchar lo que pienso y aún no estoy completamente en mí.
- Sé que eres tú… No puedes ser otra… No hay manera…
Luego de unos minutos, Dorian y los demás ya estaban curados; tirados en el suelo bajo un profundo sueño. El círculo de arriba se dispersó fortaleciendo la barrera, las corrientes de aire desaparecieron y la misma transmutación de la lanza se disolvió. Al menos en el nivel que yo había manejado. Así que estaba parada y a mi lado estaban los cristales atlantes de Dorian y la lanza de Siri.
Ahora que están seguros, siento que estoy recobrando el control sobre mí. ¿Acaso no piensa decir nada más? Estoy aquí, esperando para hablar.
No, nada, parece que ya se ha ido. Tengo una sensación extraña, como si hubiese estado dormida por una semana. La barrera nos sigue manteniendo a salvo, pero ya todos volvemos a ser nosotros.
- ¿Anath? ¿Estás bien? ¡Cuidado, ahí está!
- Calma, Siri, ya todo pasó… Estamos a salvo.
Rápidamente corrí a abrazar a mi amiga, tuvo una mala pelea, y no me extraña que esté tan alterada.
- ¿Qué ocurrió, Anath? Lamento haberles fallado…
- Tranquila, amiga, en realidad, todos fallamos…
- Pero ganamos ¿No? ¿Fue Dorian? ¿Fuiste tú?
- Ninguno de nosotros, Siri… No sé ni cómo explicarlo… Fue la Llama…
- Si la Llama apareció es porque estábamos en un grave peligro, y con nosotros, todo el continente.
- Así es, pude ver todo, pero no sé realmente como verbalizar todo lo que pasó.
- Pero… pero… Yo estaba malherida y Valto, ¡Valto!
- Espera, ya todo está en orden, ya no hay nada que temer. Los cuatro estamos a salvo.
Y sin entender nada de lo que le dije, me tomo por los brazos, me abrazó fuertemente y comenzó a llorar. Fue la primera en despertar completamente. Dorian, creo que deliraba, porque sigue roncando como un oso y Valto está perdido en lo que parece ser un sueño agradable en medio de esta horrible tormenta.
Siri está quebrantada, sintió la muerte a su lado, sentada esperando a que solo dejara de respirar.
- Pensé que… Yo… no creí que…
Mis palabras sobraban, así que solo acariciaba su cabello en medio de un profundo abrazo que compartía la tristeza del momento con un gran alivio por estar vivos. Estamos a salvo, amiga y realmente no tengo idea del por qué, porque de algo estoy segura, hoy, íbamos a morir.