La bella mujer del puerto

1750 Palabras
Jerah, al estar tan al este, es un poco desértico. Hace calor y las túnicas grises sirven para resguardar a la gente de aquí de estas temperaturas. Al principio las odiaba, pero ya les estoy tomando aprecio. Siri y Dorian se ven más descansados, y creo que aprovechan el tiempo para llenar sus mentes y almas con otra cosa que no sean los conflictos recientes. Isac se ha encargado de atendernos muy bien, cree en nosotros y lo que estamos dispuestos a hacer. Ya erradicamos a Gander, pero no sabemos con exactitud si Jerah está a salvo. - Dorian… - ¿Sí, Anny? - Veo que has aprendido a dominar tu poder dentro del cuerpo humano que usas como recimpiente. - Eso suena bastante descortés. - Lo sé, solo te devuelvo una parte de lo que haces comúnmente. - ¡Creo que ya se pueden casar! Ustedes dos pueden tener una familia… - ¿Pero qué dices, Siri? - Jajaja, ¿ves? Hasta responden al unísono. - Bah… A lo que iba… Dorian, creo que si nos dirigimos a la cima más alta, podrás percibir mejor las fuerzas que se mueven en Jerah. Necesitamos confirmar que todo está en orden. ¿No crees? - Estoy de acuerdo. Además solo nos tomará un instante llegar. - No… No creo prudente utilizar ninguno de los portales. - ¿Puedo preguntar por qué? - Isac, hemos estado hablando en las mañanas y me ha hecho entender que muchos en Jerah quieren aprender esas artes. Ciertamente no somos expertos, pero al menos podemos trasladarnos de un lugar a otro siempre y cuando conozcamos ese otro lugar. - Y esa es una ventaja que tenemos a la hora de pelear. - Sí, pero eso incitará a que los aldeanos quieran aprender, y es un método particular que usaba Valto y Gander. De hecho, nuestro enemigo la había perfeccionado con geometría sagrada, e Isac sostiene que son prácticas peligrosas en las manos equivocadas. - Tal vez por eso el Maestro no se ha ocupado de enseñarnos lo que hace para llevarnos de un lugar a otro. - ¡Exacto! En manos malignas, eso sería un grave problema. - Tienen razón, chicas… Bueno, entonces vayamos, no está tan lejos. La caminata fue agradable a pesar de las pesadas bromas sobre la supuesta relación entre la estrella y yo. Siri, en su proceso de transformación, ha optado por ser más directa. Ya no es la niña tímida, la que dudaba de hacer algo. Estoy orgullosa de ver cuánta fuerza es capaz de sacar en los momentos más complejos. A todas estas, Dorian parece no incomodarse con los comentarios punzocortantes de Siri. ¿Habrá alguna posibilidad? ¿O acaso se trata de una madurez superior a raíz de su despertar? De cualquier manera, me agrada que no sea una molestia, porque en este caso hay dos puntos importantes; por una parte, Siri no parará de bromear con ello y además, no me molestaría si pudiera acercarme más a él. - Bien, llegamos. Creo que en batalla no puedo tener el tiempo suficiente para concentrarme como necesito. Habría sido útil, pero necesito seguir aprendiendo sobre mí. - Creo que eres un misterio hasta para nosotras, Dorian. Realmente no sabemos cómo funcionas, lo que puedes hacer y lo que no. Nos hemos limitado a la idea de la velocidad de la luz, la dispersión y esas cosas, pero como estelar, creo que hay más por descubrir. - Así es, Anny. Tengo muchas de mis memorias, sé gran parte de lo que he vivido y aprendido, pero no sé cómo utilizar eso. Puedo ver el cosmos, pero no lo comprendo, así que ahora es solo una ventaja a medias. - Bueno, Dorian, al menos es una ventaja que ni Anath ni yo tenemos. - Sí, así como no tengo tus habilidades de transmutación, ni mucho menos la Llama Escarlata. - Jajaja, debemos parecer tres idiotas hablando sobre quién es mejor que quien. ¡Una pérdida de tiempo! Luego de recibir el abucheo de ambos, Dorian se sienta con las piernas cruzadas y traza algunos símbolos que no comprendo. Utiliza la arena del suelo para dibujar y con un pequeño truco que aprendí sobre el viento, creé una barrera alrededor de él para que nada borrara sus escritos. Destellos de color esmeralda comienzan a rodearlo y su expresión, aún con los ojos cerrados, es de máxima concentración. Levanta su rostro apuntando al cielo y la barrera que he colocado comienza a girar en círculos; una especie de remolino a su alrededor. - Creo que después de todo, no necesitaba tu barrera, Anath. Jajaja. - Cállate, Siri… Mientras él continúa, a mi mente vienen los recuerdos de esa noche. Los recuerdos donde perdimos a Valto y no teníamos a nadie que nos consolara. Veo el lugar donde todo ocurrió y mi corazón se entristece. De un momento a otro, Siri me coloca la mano en el hombro haciéndome saber que entiende lo que atraviesa mi mente y mi corazón. - Sé que no se trata solo de la muerte de Valto, amiga, pero estamos a salvo. Los tres lo estamos. - Sí, es solo que no había sentido tantos días malos en un período de tiempo corto. - A ver, no hablemos de días malos, Anath. Todo esto es un auténtico desastre, pero mira, observa allá abajo, mira todas esas vidas que pueden continuar porque no huimos y enfrentamos nuestra responsabilidad. - Tienes razón, pero solo… - Es muy probable, que Valto viera nuestra llegada y conociera su destino. Para cuando me pidió la poción para perder los Ojos de Jerah, debió saber qué desenlace tendría. ¿No te parece, amiga? - Sí, lo siento… No hay motivos para no creer que era parte del plan. Quisiera ir a Rina y contarle todo a Heget. - Y yo quisiera que Norah y Jale no fueran las personas en quienes se han convertido. Pero la realidad, amiga mía, es que debemos estar aquí, aprender y avanzar. - ¿Cómo te volviste tan fuerte? - Bueno, a esto es lo que Isac llama “avanzar”, incluso cuando estás en tus peores momentos. - ¿Has hablado con él? - Jajaja, sí, muchas veces; casi a media noche he estado yendo por comida mientras todos duermen, pero él ha estado allí. Es como si supiera que voy a preparar algo y ya me tiene listo un platillo. - Eso es aterrador, jajaja. - Un poco… La primera vez, yo estaba apenada pero él solo sonreía. Debajo de sus cejas canosas, un par de ojos pequeños se entrecerraban mientras inclinaba su cabeza de lado. Como esas mascotas de los viajeros de occidente. - Jajaja, sí, es cierto… - Bueno, luego comencé a preguntarle cosas y me enseñó a ver lo que yo misma no podía ver de mí. No pretendo ser como él, pero sí sé que hay mucho que no estás viendo, amiga. No hay nada que hacer, Ella tiene razón, solo hay que avanzar, a pesar de las circunstancias. Pasamos otro momento donde ella me contaba sobre sus conversaciones nocturnas con un anciano dispuesto a compartir su sabiduría y de un segundo a otro, mis emociones tristes quedaron opacadas por las anécdotas graciosas de mi amiga. - No creas, Anath, que estoy feliz. No puedo estarlo al 100%. Tengo deseos oscuros y la necesidad de acabar con mi propia familia, pero no es algo que esté ocurriendo o que pueda solucionar ahora mismo. Así que te sugiero que hagas lo mismo. - ¿Hacer qué? - Vivir el momento presente a plenitud, amiga… igual este momento está pasado y solo tú decides si pasarlo triste, amargada, molesta o feliz. - Has aprendido del aniano. - Jajaja, bueno, era la condición para comer de su almacén de galletas a media noche. Luego de eso, volteamos para ver cómo iba Dorian, y no podíamos creer lo que estaba ante nuestros ojos. - ¡Idiota! ¿Qué se supone qué estás haciendo? - Mmm… hmmm… ¿Qué pasó? - No lo creo… ¿En serio te dormiste, Dorian? - Bah… ¡Qué histéricas! Es una broma… Todo está bien en Jerah… Hay algunas tensiones, pero provenientes del corazón de los aldeanos. Supongo que rencor por todo lo ocurrido. Nada que temer. - ¿Eso es un barco? - Al parecer, sí, Anath. - ¡Veamos qué han traído! Rápidamente bajamos de la cima y corrimos hasta el puerto. Los extranjeros aún no dominan la salida al espacio, ni siquiera el vuelo sobre tierra y para venir, usan barcos. Les parece más seguro viajar sobre las aguas, a pesar de que hay bestias de las que deberían cuidarse. Además, no han querido aprender de alquimia, y frecuentemente, cuando el mar está revuelto, ocurren accidentes. Muchos pierden la vida yendo y viniendo, y aún así no creen que la alquimia y la magia sea para ellos. Dicen que va en contra de sus principios, en contra de sus Dioses. No me extrañaría que algún lyrano esté detrás de esa fachada para confundirlos y mantenerlos ignorantes. Hay tanto que se pierden… Sin embargo, son muy buenos artesanos, tal vez traigan mejores túnicas o alimentos exóticos del este. En años anteriores le dije a Bathory que convenciera al Maestro de hacer un viaje alrededor de la tierra para conocer cómo era el resto de habitantes. Pero Él, en su sabiduría, me dijo que la humanidad no estaba lista para vernos; podríamos ser la causa de un problema más grande sin siquiera tener la intención de serlo. ¡Llegamos a tiempo! Todavía no baja el primer comerciante… ¡Qué hermosa mujer! Su piel morena atrae la vista de todos en el puerto. Delgada, elegante, y con una túnica gris como la nuestra. A pesar de ello, se mueve con gracia y todos mueren por atenderla. - ¿Qué creen que pueda traer esta mujer? - Además de su belleza, no lo sé, Dorian. - Sí, es linda, pero no es lo que nos trajo aquí… ¿O sí? - De hecho, chicos, ahora que lo pienso, no podríamos pagar nada de lo que traigan. Jajaja, estamos perdidos. - No estaría segura de aceptar eso, amiga. ¿Recuerdas esto? - ¡Siri! Eres la mejor. No sé en qué momento, Siri tomó los fragmentos metálicos de los sellos que había colocado Inier en las patas de sus quimeras. Hay suficiente metal para intercambiar, creo que es plata, así que será recibida con gusto.
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