El plan era simple, y yo solo tenía una labor; aprisionarlos en una columna de fuego antes de que desaparecieran. El resto lo haría Él.
Debo apresurarme antes de que Myra y Flin salgan de nuestra zona segura.
- Myra, han polarizado el túnel
- ¿Qué has dicho?
- Lo que acabas de escuchar, Myra, es que llevas años perfeccionando una técnica que contrarrestamos en minutos, y lo peor es que Cario nos dio la pista cuando alardeaba en Rina.
- ¿Cómo se atreven? Pagarán por eso…
Myra se ha enfurecido. No le agradó la idea de que Él tomara la delantera en este asunto y de la nada ha desenfundado una espada. Es más delgada que una espada común, pero desprende un poder increíblemente fuerte.
Flin ha desaparecido. Definitivamente no ha usado el túnel y tampoco se ha ocultado con alguna magia de invisibilidad; ni siquiera puedo percibir si está cerca. Mientras, los otros dos parecen preparar sus conjuros.
Samael, como supuse, tiene una fuerza asesina en su interior, y se mueve por instintos salvajes. Su magia más poderosa está ligada a su fuerza física. Sus manos desprenden una energía destructiva casi tan poderosa como la espada de Myra.
Pero los dos juntos apenas igualan la mitad del poder de Cario. Éste ser parece dominar una magia como la del Círculo de Fuego; su apariencia ha ganado más agresividad, aunque parece que no atacará, su mirada inspira un verdadero terror.
En vez de poseer llamas azules, hay una especie de llamas negras a su alrededor. Definitivamente es el mismo poder, pero cargado de oscuridad. ¿Acaso podremos con ellos?
- Anath, es momento de apegarse al plan.
- Pero ya uno escapó.
- Es cierto, pero no podemos arriesgar las vidas de los demás solo porque uno ha escapado. Tarde o temprano, aparecerá.
- Maestro, ¿Puede sentirlo? Se acerca una multitud.
- No te preocupes por lo que pasará al borde del perímetro, Neliel está a cargo, no nos molestarán.
Sin duda, es un ambiente hostil, huele a sangre, a muerte; y todavía no ha llegado el primer ataque. Se hace una eternidad, tal vez deba atacar primero, pero puede ser una trampa.
- Espera un poco más, necesitamos que Dorian confirme su posición.
- ¿Dónde está su chico estrella? ¿Esperan por él? Porque no regresará…
- Es cierto, Cario, Dorian no regresará, no antes de haber acabado con ustedes.
- Jajaja, creo que no has entendido la situación Thot. Tú y tu pequeño grupo de invasores morirá.
- Así que allí estabas, bastardo.
- ¡Dorian!
Si hablamos de eventos desafortunados, lo peor que nos podría pasar sería que alguno de nosotros sucumbiera ante este enemigo. Flin salió en busca de Dorian, y ahora, el cuerpo de la estrella está inconsciente a los pies de Cario. Flin se ve algo agotado, como si la batalla estuvo difícil, pero es nuestro emisario quien está en el suelo con heridas graves.
- Bien, esto es lo que va a pasar: Entreguen su voluntad, sean nuestros prisioneros y mantengan sus vidas. Si se niegan, primero morirá Dorian, y luego seguirá uno de ustedes.
- ¡Anath, ahora!
- Pero Maestro…
- ¡Ese no es Dorian! ¡Ataca!
Sin pensarlo, arrojé una columna de fuego sobre cada uno, incluyendo el cuerpo del estelar. El Maestro insiste en que está bien, que es un cuerpo falso, pero… se ven tan real.
Siento todo el poder del círculo de fuego fluyendo desde mi interior hacia estos cuatro que en efecto han quedado neutralizados. Ahora es el turno del Maestro, pero se está reservando; han llegado demasiados exiliados para acabar con los ancianos.
- Anath, cambiaron de estrategia: ese no es Flin, y ese cuerpo, definitivamente no es Dorian. Con el Túnel sellado, parece que se concentrarán en acabarnos.
- Son demasiados.
- No te preocupes por los ancianos, no en vano se han ganado el título para enseñar las artes atlantes a las nuevas generaciones. Concéntrate en el fuego, no puedo atacar aún, algo me dice que debo esperar.
- Thot, ¿Me escuchas?
- Sí, Dorian ¿Lo encotraste?
- Así es, ya lo tengo.
- Bien, avancemos…
Él se prepara para atacar. Nunca antes había visto al Maestro reunir fuerzas de esta manera. Es aterrador, muy aterrador.
Siento… Una fuerza que contrarresta lo que hago.
- Gracias por el calor, niña.
- ¿Cario?
Sin esfuerzo, las llamas de Cario han deshecho mi columna de fuego, la espada de Myra cortó la siguiente y un golpe de Samael terminó en un instante la suya. De nuevo dejé de percibir a Flin y el falso Dorian estaba quemándose, inerte, sin dolor, sin vida.
- Anath, Flin es alguien especial, él no luchará, pero buscará la manera de distraernos. Esfuérzate por mantener la concentración en lo que haces.
- Pero son sus poderes…
- Concéntrate. ¡Así!
Sin esfuerzo, Él arrojó sus propias columnas de fuego, pero esta vez sí que logró aplastar con un fuego azul intenso a nuestros enemigos. Myra jadea impotente, Samael golpea el suelo para descargar su desacuerdo, no soporta que un anciano le derribase. Y Cario, sigue aguantando en pie.
- Vamos, anciano… Puedes hacerlo mejor.
Algo no está bien. Myra se levanta y resiste, al igual que Samael, pero aun así no atacan. ¿Estarán esperando algo?
Los ancianos han tomado posición y cada uno ha tomado un cuarto de los atacantes. Nadie imaginaría que estos hombres de cabello blanco tuvieran tanta energía. Si fuese una de las clases del templo, estaríamos fascinados con la velocidad y la agilidad que tienen para transformar hechizos, atacar y defender.
Saltos, destellos, explosiones y por supuesto, sangre… Son algunas de las cosas que marcan nuestro perímetro. Curiosamente, los ancianos han trazado una línea a nuestro alrededor, y todo el daño se mantiene fuera de ella. Ha de ser un conjuro tipo barrera.
Incluso el polvo que se levanta, no cruza esa línea al interior del círculo que han dibujado.
Es increíble ver cómo somos atacados por hombres, mujeres y niños. Por alguna razón no hay demasiados ancianos en las Ruinas, me preocupa un poco, pero como dice Él, debo concentrarme.
- El problema, niña, es que no tienen idea de cuál es el plan. Pero debes saber que aun estás a tiempo de cambiar de parecer y unirte al bando que dominará Atlantis.
- Nadie domina a los atlantes, ni siquiera Él. Somos espíritus libres.
- Si es así, entonces podrías explorar nuevos métodos para hacer las cosas ¿No? ¿Por qué no intentas aprender sobre la oscuridad de la magia?
- Admítelo, niña. Cario está en lo cierto, si no somos nosotros quienes toman las decisiones fuertes, seguiremos bajo el yugo de un extranjero.
- Ey, Anath, ¿Ves a aquel hombre de allá?
En menos de lo que pude contar, los tres se habían zafado de las llamas del Maestro. Myra apuntó con su espada a uno de los ancianos y con un pequeño giro de muñeca, se desprendió una corriente de energía que lo alcanzó.
¡No fue normal! No es magia común… La corriente impactó en la espalda del anciano y generó un corte sangriento. Una herida profunda tan dolorosa que hizo que los movimientos de Erah se detuvieran. Apenas se dio la vuelta, pude notar que sus ojos ahora presentaban asombro, pánico y dolor.
De ser un anciano ágil, ahora en un estado de resignación solo recibía los golpes del enemigo externo. Un movimiento de Myra dejó fuera de combate a uno de los hombres más experimentados de Rina. ¿Qué podría esperar yo?
- Anny, ¿Ves a aquel de allá?
- Detente ¡Bastardo!
Intenté detener a Samael, con un salto rápido logré interponerme en su ataque. Solo por un instante salvé la vida de Neliel, quien también está batallando contra cientos de exiliados. Es una avalancha, y él parece hacerle frente bastante bien.
El problema es que Samael no tardaría en atacar a otro, y en efecto, Mudbara recibió un impacto directo en la cabeza. A diferencia de Erah, Mudbara perdió la vida de inmediato, mientras que Erah, sufre por unos minutos más.
La risa de Cario es singularmente molesta. Ya sé lo que hará, pero al parecer no puedo detenerlo.
- Piensa, niña. Puedes cambiar ahora, o terminar como estos sacos de carne y huesos. Maestros de artes atlantes siendo derribados con simples movimientos de muñeca.
No… Heler ahora comparte el mismo destino que los otros dos. No les ha tomado ningún esfuerzo.
- Es lamentable Thot.
- No hay mucho por hacer, Neliel.
- Yo me encargo del perímetro… Ustedes dense prisa… Ah, y Anath… ¡Gracias!
- Quiero ver cómo este anciano pretende defender su posición. Jajaja, no debemos acabar con él, dejemos que los muchachos tengan un poco de diversión.
- Cierra la boca, Cario.
Él, enfurecido arroja una serie de conjuros sin pronuncia una sola palabra. Todos directamente a Cario, pero esta vez, sí se ha molestado por esquivar. Sigue siendo rápido y no ha atinado a más que dos o tres de más de diez que arrojó, pero esos pequeños impactos sí que hicieron daño.
De alguna manera, ver que pueden sangrar me hace creer que tenemos una oportunidad.
- No son inmortales Anath. No te dejes engañar por sus actitudes.
- ¡Vaya! Cario, creo que ahora sí van en serio.
- Pues vayamos en serio, ya estoy ansioso por darte una paliza, anciano.
- Ve primero, Samael. Yo me encargo de la niña.
- Como prefieras, suertuda…