Lentamente abro mis ojos, a medida que voy cayendo en la realidad. No sé en qué instante de la madrugada me quedé dormida en una banca del pasillo de urgencias; pero de lo que sí soy plenamente consciente, es del dolor en mi nuca cuándo intento moverla y la molestia en mi espalda, puesto que al parecer me mantuve varias horas en la misma posición. Bostezo, y recuperando mi eje, mis sentidos, y mis ideas busco enderezarme en el asiento. No obstante es en vano; algo rodeando mis hombros no lo permite. Completamente despabilada, me percato de que parte de mi rostro descansa en el abdomen de Nicolas. El brazo masculino me aprisiona y prácticamente recostada en su regazo, observo su cara. Se encuentra cabizbajo, de ojos cerrados y respiración acompasada. En sus facciones se dibuja una mue

