Un gemido escapo de mi boca, cuando la lengua de Matteo se enredó con la mía, mi cuerpo ardía en deseo, mi piel quemaba debido a las caricias que sus manos dejaban en mi piel, la humedad entre mis piernas, las manos de Matteo tocando mi intimidad, el vaivén de nuestros cuerpos uniéndose en la danza más antigua del mundo… Temblé sin poder evitarlo, mi cuerpo se sentía extraño, necesitado, los recuerdos de la noche que pase con Matteo, se metían ahora en mis sueños, llevaba días sin poder dormir del todo bien, porque siempre era lo mismo, sus manos, sus caricias sobre mi cuerpo. Seis semanas, habían pasado seis largas semanas, en las que evite hablar con Matteo, sobre lo sucedido, si él estaba decidido a no recordar yo había estado decidida a olvidar si no fuera porque temía que no lo har

