Eran las cinco de la tarde cuando finalmente entramos a casa de Matteo, estábamos de vuelta en Guatemala, específicamente de regreso en Quetzaltenango, los nervios se habían instalado en mi cuerpo desde el día momento que pisamos tierras guatemaltecas, tendría que enfrentar a mis padres, temía que no aceptaran mi relación con Matteo, no podía culparlos, no cuando él había dejado una mala imagen, así que sería el quien tendría que trabajar en eso. - Iré por comida – asentí, tenía hambre y pocas ganas de cocinas, sin contar que el departamento estaba vacío, los muebles estaban tapados con sábanas blancas, no había polvo, porque Sandro se encargaba de enviar a que limpiaran la casa una vez por semana desde que se había marchado - Es un piso muy bonito – Bianca, quito la sa

