María Constanza Como una tonta me quedé mirando el espejo mientras recordaba lo delicioso que era besarlo, la manera en como su lengua acariciaba con gentileza y suavidad, para luego tomar de manera decidida mi boca, en las dos ocasiones él comenzaba delineando el contorno de mis labios, y poco a poco aumentaba la presión de manera demandante hasta apoderarse de todo a su paso. No sé cómo iba a hacer con mis padres aquí y cuidándonos de no ser descubiertos, pero de algo si estaba segura y era que no dejaré de besarlo. Sí era así con un beso, ¿cómo será haciendo lo otro? —negué, para alejar esos pensamientos—. Por momentos me hacía pensar que deseaba tener algo más, pero se niega o lucha con él mismo. Natalia tenía razón, él tenía miedo, y yo se la estaba poniendo difícil, debo continu

