Atónita, Kilye se quedó mirando la imagen que se le presentaba allí abajo. Alexander Follor estrechó a Gema entre sus brazos, acariciando su pelo con cariño una y otra vez. Parecía muy íntimo, y una oleada de celos y dolor recorrió las entrañas de Kilye como lava al rojo vivo. ¿Se había equivocado tanto con él? Ella había calculado que su relación con él nunca iría más allá de este espectáculo, sabía que había habido y habría otras mujeres en su vida. Pero nunca había pensado que ella no era la única aquí en la villa con la que él estaba disfrutando. Parecía que no era mejor que Rods, que tampoco dejaba piedra sobre piedra para intentar conseguir chicas. —A los hombres como él no se les puede poner una correa —las palabras de Carmela volvieron a pasar por su mente. Se preguntó si era re

