—Por cierto, Alexander Follor me ha pedido disculpas antes —informó Melly media hora después mientras corrían—. Por eso tardamos un poco más, estábamos hablando. —¿Se ha disculpado? —preguntó Kilye sin comprender—. ¿Para qué? —Bueno, por haberme gritado el otro día cuando entré en la habitación durante vuestra discusión. —Ya veo. ¿Y qué más dijo? Melly sonrió —Me dijo que te diera las gracias, y que te dijera que hablaría de cualquier otra cosa contigo cuando tuviera la oportunidad, y que tú lo sabrías todo. Kilye casi tropezó con sus propios pies —¿Qué? —Soltó ella con un resoplido—. Ese descarado e insolente. —Shh, no tan alto —amonestó Melly cuando Shirley se volvió hacia ellos con curiosidad. —Sea lo que sea lo que tiene en esa arrogante cabeza suya, será mejor que se olvide de

