¿Cambio de look?...Eso ¡Nunca!

1443 Palabras
Poco después, Kilye se metió en la piscina y dio sus vueltas. Ya había dado unas cuantas rondas cuando, de repente, el agua salpicó cerca de ella. Sorprendida, se detuvo, tratando de ver a través de la superficie brillante quién había saltado a la piscina. De repente, una cabeza asomó a unos metros de distancia y, para su sorpresa, era Alexander Follor, que ahora se dirigía a ella con una sonrisa. —Espero no haberte asustado. —Bueno, una pequeña advertencia habría estado bien. —respondió Kilye con rudeza. Quería hacer sus pistas de entrenamiento en paz y no le apetecía tener compañía. Pero no podía negarle el uso de la piscina, así que, suspiró suavemente y siguió avanzando en dirección contraria. Para su alivio, aparentemente él tampoco tenía intención de hablar, y con unas cuantas brazadas fuertes la alcanzó y nadó silenciosamente a su lado. Nadaron juntos unas cuantas vueltas y luego Kilye se detuvo brevemente en el borde de la piscina. Alexander se detuvo igualmente y le sonrió. —¿Cansada ya? Lástima, esperaba un poco de natación competitiva. —Muy bien, entonces… —asintió Kilye y se apartó con fuerza de la pared de la piscina con las piernas e inmediatamente comenzó a impulsarse. Oyó que él también empezaba a moverse detrás de ella y aumentó un poco el ritmo. —¡Doce carriles! —gritó cuando estaba casi a su altura, y Kilye le lanzó un rápido: ¡Ok! Atravesaron el agua con la mayor velocidad posible, se enardecieron en un emocionante duelo y finalmente Kilye ganó por un margen muy estrecho. —Eso es injusto, has empezado demasiado pronto. —bromeó él. —Tienes los brazos más largos para eso. —Sonrió Kilye y nadó hacia la escalera. Salió de la piscina y se secó, Alexander la siguió y cogió su toalla. —Ha sido una buena ronda. —Sonrió— ¿Qué te parece, tengo la revancha mañana por la noche? Kilye dudó. Aunque ella también había disfrutado de todo aquello, quizás sería mejor que volviera a hacer sus rondas sola en el futuro. Pero entonces pensó en su tarea, posiblemente sería una buena manera de averiguar un poco más sobre Alexander, y entonces asintió. —De acuerdo. —Bien, entonces te veré mañana por la noche. —Dijo satisfecho— ¡Buenas noches! Ella también le deseó buenas noches y desapareció rápidamente en la casa. Un poco más tarde estaba acostada en su cama y no tardó en dormirse. El jueves por la mañana, Kilye se levantó temprano. En silencio, para no despertar a Melly, salió al balcón y se sentó en una tumbona. El entrenamiento comenzaría hoy y el hecho de pensar en ello hizo que le doliera el estómago de nuevo. Se quedó pensativa, tratando de imaginar lo que le esperaría mientras dejaba que su mirada vagara distraídamente por el jardín. Un movimiento bajo un árbol llamó su atención. Entrecerró los ojos para ver mejor y reconoció a Carmela Gold y a León Vallenotte, que gesticulaban enérgicamente. A la distancia le era imposible entender nada, pero parecía que estaban discutiendo. Los observó detenidamente con interés. Al cabo de un rato, vio a Carmela pisando fuerte por el jardín en dirección a la casa, y León se dejó caer en una tumbona junto a la piscina. Rápidamente, Kilye entró de nuevo a la habitación y cogió su pequeña libreta de la mesilla de noche, anotando cuidadosamente la fecha y la hora, y apuntando algunas palabras clave sobre el incidente. No tenía por qué ser importante, pero cualquier pequeña cosa podía serlo, y quería asegurarse de que no se le escapara nada. Poco a poco, la casa comenzó a moverse. Kilye se dio una ducha rápida, y cuando salió del baño, Melly también estaba despierta. —Hoy nos vamos. —suspiró Melly y Kilye frunció el ceño. Un poco más tarde, las dos estaban abajo, en la cocina, con la ropa de deporte, preparando juntas sándwiches de mermelada junto a las otras chicas. Mientras seguían comiendo, apareció Carmela, seguida de Rods y Alexander. —Chop chop, date prisa, empezamos a entrenar en diez minutos. —gritó Carmela por la cocina. Kilye miró brevemente a Alexander, pero él pasó de largo, despreocupado, y cogió una taza de café. Encogiéndose de hombros, se volvió hacia su pan y observó la caótica actividad que había a su alrededor. Poco después, estaban todos en la sala de prácticas, esperando ansiosamente lo que iba a suceder. El equipo de cámaras también estaba ya allí, y Kilye frunció el ceño, preguntándose si los dos hombres iban a grabar realmente cada minuto aquí en la villa. Carmela las puso en fila, los recorrió y los examinó de pies a cabeza. Luego señaló a cuatro chicas, incluida la regordeta Shirley. —Están lejos de tener unas medidas ejemplares, o para decirlo con más precisión: Están demasiado gordas. Irán con Alexander a la sala de equipos, y sudarán allí hasta el mediodía. ¡Marchando! Agachando la cabeza, las chicas salieron trotando detrás de Alexander. —Ahora, las demás practiquen la pasarela, y sigan así hasta que lo hagan bien o se les caigan las piernas. —Ordenó. Señaló una caja en un rincón que contenía varios zapatos de tacón. —¡Ahí está el calzado que deben usar, cuanto más alto mejor! Y, ¡Vamos! Apresuradamente, las chicas corrieron a ir al palco y se pusieron los tacones. Luego pasaron toda la mañana paseando arriba y abajo bajo la mirada escrutadora de Carmela y Rods. Todo el tiempo la cámara zumbaba suavemente en el fondo. Carmela nunca tenía una palabra buena que decir sobre ninguna de las chicas, siempre tenía algo que criticar, nada era lo suficientemente bueno para ella. —Me siento como si estuviera en el Patio de armas. —Le susurró Kilye a Melly en un momento dado, cuando se quedaron a un lado esperando su turno de nuevo. —Kilye , ¿hay algo que quieras contarnos a todos? —preguntó Carmela indignada. —No, la verdad es que no. —murmuró Kilye , y luego tuvo que escuchar de inmediato una reprimenda cuando le tocó de nuevo el turno. —Dios mío, pareces una vaca tropezando en un campo de pepinos. Mantente erguida, con la cabeza alta, los hombros hacia atrás y el pecho hacia fuera. Me pregunto seriamente por qué acepté traerte. —resopló Carmela. Por fin llegó la hora de comer y, aliviadas, las chicas se arrastraron hasta la cocina para comer algo. Poco después llegó Alexander y el resto de los modelos, a juzgar por sus caras su entrenamiento tampoco había sido mucho menos estresante. —Entonces, las otras cuatro vayan a correr, y el grupo de esta mañana dejaremos que León las pruebe a ver si puede conjurar algo parecido a un peinado decente con la maleza de sus cabezas. —ordenó Carmela justo después de la cena. Con gemidos y quejidos, Shirley y sus tres compañeras siguieron a Carmela y a Rods a la sala de entrenamiento. Las chicas restantes despejaron la mesa del comedor y luego observaron cómo León extendía sus utensilios sobre ella. Kilye se quedó un poco apartada, observando con escepticismo cómo León transformaba a una chica llamada Elianna de morena de pelo largo en una vampiresa rubia de pelo corto en poco tiempo. —No me voy a cortar el pelo. —refunfuñó para sí misma. —Chérie, te toca a ti. —dijo finalmente León, señalando a Kilye con su dedo perfectamente arreglado. —No, lo siento, pero no quiero hacerlo. —declaró Kilye . Incrédulo, León la miró fijamente. —Pero Chérie, todas las chicas aquí tienen que hacer de ellas la mejor versión posible. —Se lamentó con tristeza. Kilye se encogió de hombros, notando al mismo tiempo, por encima del hombro de León, que Alexander la miraba y negaba apenas apreciablemente con la cabeza. Ella le miró sorprendida, pero para entonces él se había girado y estaba mirando por la ventana. Se enderezó. —Lo siento, mi pelo se queda como está. —repitió categóricamente, ignorando la lacrimógena reprimenda de palabras de León que siguió a su negativa. Sin embargo, no hizo más intentos de persuadirla y se dirigió a la siguiente chica. —Esto va a ser un problema seguro. —Le susurró Melly, que ya había tenido su turno, pero apenas había cambiado, salvo unos centímetros de longitud de pelo. —No me importa —susurró Kilye —, no voy a convertirme en una total rareza aquí. O me aceptan como soy o verán qué hacer, pero no cambiaré mi look, No lo haré.
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